Los desterrados de la barca Puig

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"Los Desterrados de la barca Puig"


En realidad "La barca Puig" fue un buque mercante propiedad del catalán Juan Puig y Moré.


El destierro es un tipo de pena que un Estado puede imponer a una persona por haber cometido un delito o una fechoría. Consiste en expulsar a alguien de un lugar o de un territorio eso se llama destierro determinado (que normalmente es el territorio hasta donde se extiende la soberanía de quien impone el castigo).

Antiguamente, era una pena muy común, y se utilizaba como la pena inmediatamente inferior a la pena de muerte. Lo normal era que el incumplimiento de la pena de destierro se sancionara con la muerte.

En la actualidad la aplicación de esta pena es mucho más difícil. El principal problema es que el país vecino no tiene por qué aceptar al desterrado.


En el Uruguay de 1875, las tensiones políticas se agravaban día a día. Impotente para reprimir los motines que crecían a su alrededor, el presidente José Ellauri dimitió, aunque le sucedió Pedro Varela, fue el Coronel Lorenzo Latorre, como Ministro de Guerra, que aplicando "mano dura" contra los que discreparan con él y el Gobierno acusó de conspiración a un grupo de principistas que operaba en la oposición y por decreto de Gobierno fueron elegidos para ser desterrados del país con destino a La Habana, cuba.

 Ellos fueron:

José Pedro Ramírez - Director de El Siglo

Juan José de Herrera - Ministro del Gobierno de Berro

Agustín de Vedia - Director de La Democracia

Julio Herrera y Obes - Secretario de Venancio Flores en la guerra del Paraguay

Aureliano Rodríguez Larreta - Diplomático en Brasil

Juan Ramón Gómez - Senador y Ministro, hermano del héroe de Paysandú

Carlos Guemedez - Capitán en la guerra del paraguay

Octavio Ramírez - Oficial de infantería en la guerra del Paraguay

Osvaldo Rodríguez - Comisario de la policía de Colonia

Anselmo Dupont - Director de La Idea

Cándido Robido - Guerrero del Paraguay

4 hijos de Venancio Flores:

Ricardo Flores - Teniente del ejército contra Timoteo Aparicio

Segundo Flores - Militar previamente desterrado a la Argentina

Fortunato Flores - Jefe de caballería en Estero Bellaco

Eduardo Flores - Soldado de la guerra del Paraguay


De mañana , temprano, uno de los últimos días de febrero de 1875, don Juan Puig y Moré, capitán de marina mercante española y natural de Lloret, estaba vigilando el trabajo de los marineros que limpiaban el cobre de uno de sus buques, fondeado en la bahía de Montevideo, cuando vio enderezar hacia él a una falúa.
Acercóse el esquife y preguntó por el patrón del barco, el oficial que lo mandaba.
-Su servidor, capitán y propietario de éste y de aquel otro- respondió Puig a la vez que señalaba el bergantín goleta "Isabel", anclado a poca distancia y al mando de su hijo Juan.
Muy urgente era el llamado de la autoridad marítima, tanto que no permitió al capitán ir dentro de un rato, sino que lo llevó en su propia falúa.
No era el Capitán de Puertos quien necesitaba a Puig; el que tenía que hablarle era el Ministro de Guerra......
Más intrigado cada vez con la llamada, fue Puig a buscar para que lo acompañase al Ministerio, a su amigo, paisano y corredor el señor Mata, y marcharon juntos hacia el Fuerte de Gobierno, el viejo caserón que asentó sobre lo que es hoy la Plaza Zabala.
Recibidos por el coronel Latorre, manifestó éste a Puig, sin mayores preámbulos, que el gobierno necesitaba su barca, que era uruguaya, para un viaje a Cuba, con cargamento de carne.
No puso inconveniente el capitán y - justo añadió - con carne he ido ya varias veces a la isla de Cuba.
- Pero esta vez va a ser con carne viva, interrumpió Latorre.
-Pues entonces no hay viaje - replicó Puig - no cargo yo ganado.
El Ministro se explicó diciéndole que no era para llevar ganado, sino para llevar a unos presos políticos.
La cuestión hacíase más complicada ya : el capitán propuso vender el barco al Gobierno, previa tasación de peritos y entraron a tratar el punto.
Como pasara el día sin llegar a un acuerdo, Latorre llamó otra vez al capitán para decirle que si no se arreglaba el viaje "él no respondía de lo que pudiese pasarle"........
Es natural que con esa advertencia, en tales días, el asunto quedó virtualmente concluido.
Puig corrió a poner en conocimiento de su mujer y de su hijo mayor la prevención ministerial y regresó a contestar afirmativamente, ajustándose el viaje en 12000 pesos libres, pagaderos en dos cuotas, la primera al llegar a destino.
Enseguida comenzaron los aprontes. "La Puig" fue invadida por carpinteros, soldados y embarcadizos, unos clavando, otros cargando efectos, otros atando velas y todos enredando.
Así se fletó "manu militari", la que pasó a ser la famosa barca "Puig".
¿Era "La Puig" un arnero, como generalmente se cree? ¿Era una embarcación miserable, un casco inservible destinado nada más a que se lo tragara el mar?. Nada de eso.
Era un brick inglés, todo de roble, embarrancado no hacía mucho en las costas del Este, que luego de conducido a la bahía y estando en cuestión, lo había adquirido Puig.
Después de haberlo comprado y haberle dado su nombre, presentóse al capitán catalán la dificultad de embanderarlo, pues teniendo conforme tenía, bandera inglesa, le decían estar obligado a embarcar un capitán inglés.
Optó entonces por ponerle bandera uruguaya y el "Bobstrope" se convirtió en nacional.
Uno de los deportados, José Pedro Ramírez, con su habitual honradez, consignó ya, a bordo de la misma barca, las siguientes palabras justificativas:
"A estar a lo que hemos oído, su construcción es sólida y tiene buenas condiciones de movimiento".
Y los hechos estarían siempre, al fin, para consignar esa solidez de "La Puig".
Resistió sin violencia no ya el largo viaje de los políticos desterrados, con la turbonada final y todo, sino muchos viajes más.
Llegados a Charleston, por lo pronto, el casco fue armado en lugre, rebautizado con el nombre de "Agustina" - en homenaje a la mujer del dueño - y fletado para Barcelona con carga de algodón.
Cruzó el Atlántico Norte esa vez, volvió para Méjico y continuó sirviendo hasta 1883, fecha en que Puig la enajenó.
¿Se concibe, por otra parte, que el capitán y dueño, se embarcase con toda su familia, la mujer y 3 hijos, en un buque podrido y próximo a hundirse?
Agustín de Vedia, hablando por sus compañeros, en el conocido libro dónde relató la famosa odisea, quejábase amargamente del tratamiento que les dio el capitán Puig. El capitán no fue precisamente un hombre amable y desde el primer momento se colocó del lado del Gobierno y compartió con el coronel Courtin la tarea de vigilar a los deportados.
¿Le resonarían en los oídos las palabras con que Latorre le llevo a cerrar el trato? ¿Bien puede ser!.
Del papel de coadyuvante de Courtin, asumido voluntariamente, vino a nacer, en la travesía marina, el incidente con el piloto Alsina, desembarcado a la fuerza en un puerto del Brasil.
Era dicho Alsina, un paisano de Puig, que éste contrató aquí para que aliviara las tareas de su hijo Juan Puig y Austrich, primogénito del capitán y piloto de la barca.
Se trataba de un pobre mozo que iba a embarcar aquejado gravemente de la tisis para morir en Charleston al final del viaje.
Alsina fue dejado en tierra en Cabedelho, puerto sobre el Parahiba, donde los viajeros hicieron la segunda y última escala, el 7 de abril.
Pasó por cierto, y Vedia recoge la versión, que el desembarco forzado de Alsina fue originado por agrias disputas surgidas entre él y Puig por motivos de servicio.
La verdad acaso sea otra, a estar a ciertos informes concordantes.
Puig comenzó a desconfiar de la lealtad de Alsina, cuando vio que el piloto asumía una actitud benevolente para con los deportados y llegaba a tener conversaciones y apartes con algunos de ellos.
Y que Alsina y los presos simpatizaban trasunta del libro de Vedia, sin mayor violencia.
El capitán fue más adelante: quiso creer que una noche Alsina embricaría la barca en alguna playa de Brasil, dando fin al fiaje y la libertad a los deportados.
Fue entonces cuando Puig, violento como era, relegó a Alsina a un rincón y lo conminó a desembarcar en Cabadelho sin expresar causas, bajo la amenaza de que haría conocer a Courtin las sospechas y sería fusilado "a bordo mismo".
La deportación a La Habana , si realmente fue tal, al fin y al cabo, no lo fue en su origen, según puede verse por la publicación de dos documentos inéditos hacia la fecha.
El nombramiento del Coronel Courtin, en efecto dice así:
"El gobierno con esta fecha, ha tenido a bien nombrar a V.S. para el mando de la Barca Transporte Nacional "Puig" por requerirlo así el mejor servicio público y a la vez de la custodia de los presos políticos que se envían a Matanzas (Cuba) y los que se hallan a bordo"
"Se hace necesario -rezan, por otra parte, las instrucciones que acompañaban el oficio anterior - que trate V.S. de conducirlos directamente al punto indicado salvo que obste fuerza mayor; también se previene a V.S. que en caso de que los referidos presos no sean admitidos por las autoridades del paraje a donde se destinan "trate por todos los medios posibles de desembarcarlos en el punto más distante que V.S. crea conveniente, a cuyo efecto se pone a su disposición una fuerza de 25 hombres de uno de los cuerpos de la guarnición. Para nada, pues se citaba "La Habana". Era una travesía inmensa, "la más larga posible" y de incierto destino.
Una de las primeras medidas adoptadas por don Pedro Varela al acceder a la Presidencia de la República en enero de 1875, fue proceder a desterrar a un grupo selecto de ciudadanos. Al efecto dictó orden de prisión contra ellos; y aquellos que no lograron evadirla fueron embarcados el la barca Puig, al mando del Cnel. Courtin y enviados a Cuba. Las autoridades españolas se negaron a dejar desembarcar a los presos políticos, y la barca hubo de continuar hasta Charleston. Allí recobraron finalmente su libertad, a los 4 meses de haber salido de Montevideo.


José María Fernández Saldaña
Alvaro Kroger


Anécdotas relacionadas relatadas por Samuel Blixen en 1909





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