Irineo Leguizamo

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2002 ~ 11 años difundiendo nuestras raíces ~ 2013


Profesor Alejandro Bertocchi


"El episodio del ADMIRAL GRAF SPEE y la defensa de la República Oriental del Uruguay"-
prof. Alejandro N. Bertocchi Moran
A media tarde del día miércoles 13 de diciembre de 1939- mientras el acorazado alemán ADMIRAL GRAF SPEE penetraba en aguas uruguayas, seguido por los cruceros livianos británicos AYAX y ACHILLES, tras el combate dado a unas 350 millas de las costas de Rocha (1), sobre las 6 de la mañana de esta jornada- se estaba viviendo el comienzo de una situación que colocaría a la República en el marco de uno de los momentos más problemáticos de su historia.
Recurriendo a la bibliografía sobre el tema, se puede observar el impacto que todo este evento tuvo y tiene en el imaginario colectivo de los uruguayos. Es que la mal llamada "batalla naval del Río de la Plata"(2), supone otro ejemplo de cómo una sociedad pequeña como la nuestra se dejó emocionalmente llevar por un hecho que resultó escenario común para otros pueblos inmersos en aquel conflicto desatado por la invasión alemana a Polonia; y hasta nimio en sus detalles dado el tenor de la dura y cruel lucha destructiva alcanzada en esas lejanas latitudes. Esto significó que desde aquel verano del 39 a la actualidad, el solo recuerdo de lo acaecido en aquellas jornadas donde el navío germano se halló sujeto a su trampa montevideana, sea el agua bendita donde abreven decenas de historiadores y afines, que han descubierto en este hecho algo así como un verdadero "el dorado" donde desatar toda suerte de dispares opiniones, con una línea cuasi común: la fatal ignorancia sobre los elementos dados en la guerra naval. Esto lo vemos en el día a día, tanto en la prensa local, como en la cantera inagotable de plagiarios y estrategas de café que cubren al entero, página tras página de un hecho dado en esta tierra tan parroquial, que es tomado como cardinal por el pensamiento de muchas gentes.
De cara a esto, se observa la casi consuetudinaria aparición de variadas obras sobre el tema, pero que en realidad, prácticamente, pese a la belleza de sus gráficas, nada aportan para el real entendimiento de los sucesos habidos en el período histórico reseñado. Empero, para los bibliófilos e investigadores afines, entre esta melange escrita, resalta el trabajo encarado por la gran figura histórica, que en esos días de guerra se halló al frente de los destinos de nuestra defensa nacional: el general de división arquitecto don Alfredo R. Campos.
"Un episodio de la Segunda Guerra Mundial en aguas territoriales de la República Oriental del Uruguay" (3), representa junto al "libro azul" editado por el Ministerio de RREE al frente en esa época (4), el marco más ajustado a una realidad histórica que significó para el país algo casi tan importante como la misma pérdida del ADMIRAL GRAF SPPEE supuso para Alemania.
En este menester, para un mayor esclarecimiento del tema que concisamente ponemos a luz, debemos conducirnos al mismo combate, cuyo somero análisis lleva al pleno convencimiento del grave error cometido por el comando del acorazado alemán al desistir de rematar la jornada con una segura victoria y poner proa al puerto de Montevideo, a la suma, una genuina ratonera donde solo debería salir, para afrontar nuevo combate, o rumbo a su autodestrucción, como finalmente sucedió.
Para guiarse fielmente en el enfrentamiento referido, se posee la "comunicación oficial de la Batalla de Punta del Este presentada por el Comandante de la División de Sud América, Contra Almirante Henry Hardwood a los Comisionados del Almirantazgo", que es publicada por el general Campos en su obra referida como anexo. Para basarse en lo exclusivamente acaecido en el bando alemán, hay que dirigirse a fuentes inconexas ya que al no aparecer un relato autenticado sobre las directivas y movimientos del comando central del GRAF SPEE, todo se obtiene de elementos medianamente inciertos, o por medio de distintas opiniones emanadas de aquellos que se hallaron en la dirección del navío; como es el caso de la obra del entonces teniente de navío Friedrich W. Rasenack (5), oficial artillero, quizás quién más cercano se halló, pese a su mando secundario, ese 13 de diciembre, a las decisiones que en el puente llevaron a lo consabido. El resto son solo versiones muy parciales, como la del oficial de estado mayor, capitán de corbeta Jurgen Wattenberg, vertida en diferentes medios, donde se puede visualizar lo realmente acaecido durante el momento más crucial del combate.
Vayamos a los hechos: el alto mando naval alemán había dado expresas ordenes al capitán de navío Hans Langsdorff- comandante del ADMIRAL GRAF SPEE, de no trabar combate con buques de guerra enemigos. Solo se debería "destruir el comercio embarcado" de bandera adversaria en el teatro del Atlántico sur e Indico, orden que se cumplió fielmente, cobrándose nueve presas mercantes. Pero por una concadenación de hechos, donde jugó su baza la fortuna, en la amanecida de ese día 13 el acorazado se dio de bruces con tres cruceros británicos, en una zona de aguas donde discurre la entrada y salida de toda la navegación de ultramar del Río de la Plata.
La crónica conocida señala que a las 5.52 de aquella límpida mañana, desde el telémetro ubicado en la cofa del acorazado, se vislumbró hacia poniente los penachos de humo de dos o tres buques desconocidos. En un principio, la noticia supuso para Langsdorff la esperanza de haber hallado el tan ansiado convoy de mercantes que anhelaba destruir, para así encarar el regreso a la patria. Pero al paso de los segundos se van advirtiendo, poco a poco, los mástiles, de uno, al principio y luego dos más, quizás destructores, que a la postre resultarán el crucero pesado EXETER, y los ligeros AYAX y ACHILLES (6). Era la división sudamérica de la Royal Navy, casi al completo pues solo faltaba el crucero CUMBERLAND al ancla en Port Stanley.
Aquí cabe una de las innumerables interrogantes habidas al respecto: ¿ que razón tuvo Langsdorff para no virar 180º y perderse en el azul atlántico a fuerza de sus diesels? El memorándum de Hardwood refleja que recién a las 6.14 se tuvo conciencia de hallarse ante un acorazado enemigo. Este pequeño lapso de tiempo es cardinal para asumir el momento que vivía el comando alemán. El ADMIRAL GRAF SPEE andaba arriba de los 15 nudos y arrumbado al 155º verdadero, por lo que bien se podía cumplir la orden del mando central. Empero, Langsdorff creyó hallarse ante un crucero y dos destructores, custodias de un convoy trás el horizonte, por lo que, a juicio de los relatos posteriores de Wattenberg, decidió aumentar velocidad y cerrar abruptamente distancia contra el buque pesado enemigo, a cuenta de su neta superioridad artillera y protección pasiva. (7) Sobre este especial episodio, importantes navalistas, han señalado el error del comando alemán, al no aprovechar el pequeño margen de escape que bien poseía para no empeñar combate, y así alejarse. Aunque perseguido por los ligeros buques británicos, bien los hubiera mantenidos aferrados a su popa en razón del alcance efectivo de sus cañones de 11", más de 43.000 metros en determinadas condiciones de tiro. Así, al caer la noche, se hubiera despegado con facilidad del adversario- que no tenía radar- para perderse en la vastedad del océano.
Pero, ya decidido al combate, Langsdorff confío en su buque y a las 6.18 rompió fuego con sus dos torres principales, a unos 18.000 metros sobre el adversario principal: el pesado EXETER, ahorquillándolo inmediatamente y por ello recibiendo el crucero su primer impacto grave a las 6.22; y luego uno tras otro, dando cuenta de los dichos de Churchill (8). Abundan los relatos de lo acaecido a bordo del crucero y el lector podría remitirse al que consideramos más claro: "los primeros 50 minutos en el EXETER", página 124 de la obra de sir Eugen Millington Drake (9), donde se refleja la entidad del castigo que lo llevó indefectiblemente a quedar fuera de combate.
Se cumplía lo previsto por los mentores del navío de línea ortodoxo. El ingeniero italiano Cuniberti y el almirante Fisher, crearon esta concepción: un buque que pudiera permanecer inmutable bajo el fuego enemigo, a favor de su coraza y manteniendo su serie de cualidades materiales: velocidad, autonomía, protección, artillería, más lo indispensable: alcance y peso de salva. En este norte era notable la superioridad del acorazado alemán, dado que su cinturón acorazado podía aguantar el impacto de los proyectiles de 8" del EXETER y los de 6" de los otros dos cruceros. Esto así sucedió y las zonas vitales del ADMIRAL GRAF SPEE no sufrieron daños y las bajas humanas que sostuvo fueron todas del personal expuesto en cubierta, entre estos el mismo Langsdorff, herido levemente, pues cometió el error de intentar dirigir el combate desde la cofa, como en los épicos tiempos de la vela.
En referencia a Hardwood, ya desde antemano había elaborado la táctica para enfrentar un acorazado: dos unidades para divertir el fuego enemigo por sus dos bandas y espotear el propio. Esto desde el inicio del combate no surtió efecto y por fortuna para el AYAX y el ACHILLES, la artillería secundaria del ADMIRAL GRAF SPEE erró todos sus tiros, cosa que no sucedió en el caso del EXETER, que debió aguantar como pudo el tremendo castigo de los proyectiles de 11" de su adversario. Así lo dice el mentado registro británico en sus numerales 23, 27 y 33, momento clave para la lucha donde el crucero, debió arrumbar al sur, plagado de muertos, con solo una torre operativa, su obra muerta acribillada y lo más grave: 650 toneladas de agua embarcada por varios rumbos, una escora de algo más de 10º a estribor y hocicando un metro hacia proa. Esto hizo que su comando buscara destrabarse y encarar su retiro hacia Malvinas, considerando su posición fuera de combate, ante el peligro que el adversario intentara darle el golpe de gracia.
Empero esto último no ocurrió dada la reacción de Hardwood, que atacó cerrando distancias al acorazado, lanzando torpedos en un búsqueda desesperada de evitar que el ADMIRAL GRAF SPEE acabara con su buque mayor. Esto lo logró dado el comportamiento errático del comando alemán. "Me pareció que el GRAF SPEE se proponía desdeñar al EXETER y estrechar a la primera división (AYAX y ACHILLES), en un cerco noroeste".
Y es en este momento donde se decide no solo el final desarrollo del combate mismo, sino el destino del acorazado, sellado por un inconcebible yerro del comando alemán. Sobre este espacio se han vertido ríos de tinta, donde mucha mitología ha corrido en un interminable rosario de página tras página de absurdos comentarios. Como sabemos Langsdorff dirigió su buque al descubierto, soslayando increíblemente las seguridades del puente acorazado, desde cuya posición debía haber cubierto todas sus responsabilidades, pues así no solo lo hacían saber los manuales más elementales, sino por el usufructo de sus más caras funciones frente al desarrollo de una acción donde sobre el acorazado caía el grueso del fuego de los cruceros livianos enemigos. Empero su ego pudo más y supero su prudencia. Una de las granadas enemigas, hizo impacto bajo el puente, matando al ayudante del comandante e hiriendo levemente al mismo Langsdorff, que momentáneamente pierde el conocimiento, dándose entonces inicio al procedimiento de relevo de rigor. Pero cuando el segundo, capitán de fragata Walter Kay se hacía cargo del comando, Langsdorff se recupera y toma nuevamente la dirección de las acciones, ahora, increíblemente, con un cambio fatal para el destino del buque.
Duros son los comentarios de los grandes profesionales que han analizado la "batalla del Río de la Plata" en este preciso instante. En el momento que esto sucedía en el puente del navío alemán, Hardwood ordenaba " desistir de la acción diurna y acercarse e intentar de nuevo al anochecer" (numeral 36), cosa que solo tenía una explicación: ante el estado del EXETER y la precisión del fuego pesado enemigo, solo cabía destrabarse afrontando la derrota.
Empero, ocurre un hecho ilógico ya que el acorazado desiste y se aleja con rumbo directo a Montevideo. "Así de bruscamente terminó el combate del estuario del Río de la plata; con la retirada de los tres cruceros británicos que se habían enfrentado a un solo buque alemán, al que creyeron poder batir con facilidad. Tuvieron suerte, si entonces hubiese mandado el GRAF SPEE cualquier otro oficial de Marina alemán que no hubiese sido Hans Langsdorff, habría invertido el rumbo de su buque sin un titubeo, para, a 27 nudos, perseguir a los cruceros ingleses que se retiraban. Siendo estos capaces de un andar de 32 nudos, habría transcurrido bastante más de una hora antes de que el AYAX y el ACHILLES hubieran podido salir fuera del alcance de la artillería pesada del acorazado, suponiendo que hubieran podido hacerlo, lo que no parece nada probable. Por el contrario, lo verosímil es que ambos buques hubieran sucumbido. Por otra parte el EXETER se hallaba inerme, y un solo torpedo o algún proyectil en la línea de flotación hubieran bastado para hundirlo. ¡ Jamás oficial naval alguno tuvo tan resonante y completa victoria tan al alcance de la mano y tan torpemente renuncio a ella!" (10)
Duro el destino de Langsdorff; al tomar tamaña decisión selló la suerte de su buque y su propia vida. Las averías del navío eran bastantes pero nada graves: un gran agujero a proa, prontamente palleteado, otros repartidos sobre casco y cubierta mas otros desperfectos ocasionados por la metralla. Aquí, sobre porque Langsdorff decidió culminar la lucha en tan favorable momento, se han dado a luz diversas hipótesis muy lejanas a la realidad. Se dice que determinada pieza vital del ADMIRAL GRAF SPEE fue averiada, señalándose la bomba purificadora del agua potable, o asimismo un fallo en el sistema de ronza de alguna de las torres principales, pero en realidad, como señala "la tapa del libro", todas estas instalaciones "vitales", en un buque de línea, se hallan bien por dentro del cinturón acorazado, y por ello nada sufrieron. Si se repasan las opiniones recabadas entre quienes se hallaron en cercanía de Langsdorff, se asume que su proceder cambió luego del brutal golpe recibido en cofa. Su errática conducta y notorio agotamiento eran harto visibles, ya que se llevaban 115 días en navegación lo que sumado al ajetreo del combate hizo que en el momento en que recupera el mando, le llegara el reporte de daños y bajas, cosa que lo llevó a dar orden de dirigirse a Montevideo pese al consejo de algunos oficiales de su estado mayor. Su carácter lo hacía un jefe inclinado a la preocupación hacia sus subalternos y ese sentido es unánime en la reflexión de sus hombres. Este factor unido al resto, supuso que cayera en fatal yerro, entendiendo que el cansancio hizo fuerte mella en su síquis, significando condición de peso para que tomara esa decisión que lo llevó a caer en una ratonera. Esto lo hace saber en su carta final, cuando los dados ya estaban hechados y no hay dudas de que en su conciencia este pensamiento fue algo difícil de digerir en las horas montevideanas que sobrevendrán; circunstancia desgraciada: pérdida de una gran unidad y menoscabo de su nombre, cosa que inexorablemente lo conducirán, ya en Buenos Aires, a tomar su postrer y lamentable resolución.
"El GRAF SPEE no intentó seguir, pero se mantuvo en un curso de alrededor de 270º avanzando directamente al Río de la Plata, a una velocidad de 22 nudos." Así, con estupor, se expresa Hardwood sobre la extraña conducta de su enemigo; victorioso, pero entrando en aguas restringidas, con las consecuencias que habrían de tener y que en definitiva se hallan en la memoria de todos.
Ya navegando a la altura de Rocha, el acorazado, pasado el mediodía detuvo al mercante inglés SHAKESPEARE, resolviendo Langsdorff no hundirlo en razón de la prudencia y respeto necesario ante las aguas de la nación a la que su buque se dirigía. Este suceso supone otro mentis a la tan publicitada "persecución" de los cruceros británicos, ya que el navío alemán procedió sin problemas ante este mercante. El AYAX y el ACHILLES se hallaban a una distancia saludable a sus intereses y solo se acercarían al caer la noche, a la altura de Punta del Este, recortado el GRAF SPEE hacía el orto solar del oeste, cosa que ocasionará un breve cañoneo sin consecuencia alguna.
Sobre la medianoche el acorazado alemán hace entrada al puerto de Montevideo, con la sorpresa que el caso supuso para todo el país. Aquí se habría un capítulo donde la República se hallaría inmersa en una situación diplomática y militar muy sugestiva, marcada a fuego en el imaginario colectivo, pero que en muchos detalles ha sido poco analizada. Realmente ambos contendores habían violado en forma flagrante la soberanía nacional y en mayor grado los buques del comodoro Hardwood.
El 3 de octubre de 1939, los gobiernos americanos habían firmado en Panamá una declaración neutralista donde establecían un espacio de seguridad, como "medida de protección continental", que indicaba que las aguas cercanas al continente se debían mantener " libres de todo acto hostil por parte de cualquier nación beligerante no americana".
Durante el seguimiento del GRAF SPEE, sobre las 20 horas de este 13 de diciembre, los dos cruceros británicos intentaron atacar al acorazado cuando todos cruzaban raudamente la zona de aguas que enfrenta la ensenada de Maldonado. En ese suceso el neozelándes ACHILLES pasó entre Lobos y Punta del Este, abriendo fuego sobre el navío alemán, cuya silueta se destacaba hacia Poniente, contestándolo este, solo luego de repasar plenamente la península, cosa que significaba otra situación en la que Langsdorff obró con prudencia hacia el país al que se dirigía, pues si hubiera contestado inmediatamente el fuego, sería probable que algún rebote cayera sobre los cascos poblados fernandinos. Esto fue señalado por el capitán de fragata Fernando Fuentes al gobierno nacional, que al comando del crucero URUGUAY se había interpuesto en la línea de fuego en un intento de defender las aguas de la República.
Pero esto solo ameritó una protesta diplomática, ya que en realidad el Uruguay se halló en un momento crítico, con un poderoso navío en su puerto, que solicitaba perentoriamente determinado tiempo para reparar sus averías, mientras en aguas del Río todos creían se acumulaba una flota para destruirlo en cuanto asomara su proa sobre el canal de entrada del puerto montevideano.
Empero, sobresale en tan álgido momento histórico " una correctísima pero helada diplomacia que muestra al mando alemán que se equivocó de puerto" (11). Es que en las horas en que el ADMIRAL GRAF SPEE permaneció en aguas montevideanas, se desató una tormenta diplomática que fue encarada por el gobierno del general Baldomir, como bien cabía a las muy difíciles circunstancias a que se enfrentaba el país, cuya política debía bascular entre los poderosos contendientes de una guerra europea.
Cuando llegó la hora en que finalmente culminaba el tiempo dado al navío germano para que se hiciera a la mar, muchas opiniones discurrían sobre un terreno donde se reflejaba el temor de que su comando no acatara la orden, presentándose una situación particular que el general Campos refleja magníficamente en su obra ya señalada. A su lectura deberá remitirse el lector para tomar nota del alcance que las contingencias de esa hora, podían traer sobre la soberanía nacional.
Sobre este caso, en el capítulo IX, Campos hace mención de tres puntos que se hallaban sobre la mesa del gobierno de cara a esa emergencia, que suponía la posibilidad de que el ADMIRAL GRAF SPEE, en desobediencia, no zarpara ni aceptara la internación, situación harto delicada pero pasible de acaecer.
"Careciendo de medios para hacer efectivo el acatamiento de la orden, se notificaría al señor Comandante por conducto de un oficial de nuestra Marina, la información de dar cumplimiento a la orden, dejando constancia en acta, si esta no era acatada."
Para antaño u hogaño este episodio histórico sucintamente reflejado, debe merecer una permanencia en la memoria, dadas sus circunstancias tan particulares, que muestra en forma cabal como las autoridades nacionales de época supieron enfrentarse a una situación singular, que, si no arribó a un mal destino, fue entre otras cosas, por la actitud del capitán de navío Hans Langsdorff, plenamente respetuoso de los dictados de nuestro gobierno y, como militar, de las leyes internacionales de la guerra, concepto asimismo sostenido por los hechos dados en la misma incursión atlántica del acorazado, donde no existieron víctimas civiles entre las tripulaciones de sus nueve presas mercantes.
NOTAS
1).- Posición: 34º 17´30" sur y 49º 12´oeste.
2).-Una batalla supone un hecho crucial para ambos contendientes, que puede significar victoria o derrota según su desenlace para la misma guerra.
3).- CAMPOS Alfredo R.gral.arq.- Biblioteca General Artigas. Volúmen No. 5.Centro Militar. ROU.1952.
4).- MRREE.- "Antecedentes relativos al hundimiento del acorazado ADMIRAL GRAF SPEE y a la internación del barco mercante TACOMA. Montevideo. 1940.
5).-RASENACK Friedrich. C/C.- "La batalla del Río de la Plata". Buenos Aires- Ayer y Hoy ediciones. 2000.
6).-EXETER: desplazamiento 8.400 ton. Artillería principal seis cañones de 8" x 50 calibres. AYAX y ACHILLES: desplazamiento 6.800 toneladas. Artillería principal ocho cañones de 6" x 50 calibres.
7).- ADMIRAL GRAF SPEE: desplazamiento a plena carga 16.200 toneladas. Artillería principal seis cañones de 280 mm.
8).-"Sus seis cañones de once pulgadas, su velocidad de 26 nudos y el blindaje que tenían, habían sido comprimidos con pericia maestra dentro de los límites de un desplazamiento de 10.000 toneladas. Ningún crucero británico, solo, podía enfrentarse con uno de ellos." Sir Winston Churchill - Memorias.
9).-MILLINGTON-DRAKE Eugen. "El drama del GRAF SPEE y la batalla del Río de la Plata". Montevideo. 1966. Parte III.
10).-DE LA SIERRA Luis C/F.- "La guerra naval en el Atántico". Barcelona. 1974. Capítulo III. Pág. 109.
11).-CASTAGNIN Daniel Dr.- "Diplomacia y estrategia en el drama del GRAF SPEE". Revista Naval No.35. Montevideo. 1999. Pág. 80.


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