Irineo Leguizamo

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Francisco Lecock

 La invención de la conservación de carnes y vegetales


Francisco Lecocq (1790 - Montevideo, 25 de enero de 1882), empresario y político uruguayo.

Educado en Inglaterra, adquirió allí un notable sentido empresarial. En su estancia de la barra del río Santa Lucía, actual parque que lleva su nombre, hizo experimentos sobre vinicultura y arboricultura; importó plantas especiales y animales de raza; ensayó el cultivo del gusano de seda, primer ensayo integral luego del ensayo de Dámaso Antonio Larrañaga.

Junto a Federico Nin Reyes y al francés Carlos Tellier son los inventores del procedimiento para la conservación y el transporte de la carne fresca por el frío, correspondiéndole a él encargarse del primer ensayo sobre la materia. Dicho ensayo, efectuado a bordo del vapor inglés The City of Rio de Janeiro, en 1868, si bien frustrado en su objetivo circunstancial, probó la viabilidad de la experiencia frigorífica llevado a cabo por la asociación Tellier - Lecocq.

Fue Defensor de Menores y esclavos del Gobierno del Cerrito, designado por Manuel Oribe en 1844, Jefe Político y de Policía de Montevideo del 25 de octubre de 1855 al 21 de enero de 1856; Ministro de Hacienda durante la administración de Gabriel Pereira. Será integrante de una efímera Junta de Gobierno que formaría Timoteo Aparicio tras la toma de la Fortaleza del Cerro, el 29 de noviembre de 1870, en el transcurso de la Revolución de las Lanzas. Senador por San José en 1879, fue Vicepresidente de la cámara alta ese año y al siguiente presidente de la misma.

Fue miembro de la Masonería y era hijo del Brigadier de los ejércitos españoles, ingeniero Bernardo Lecocq (1734-1820).


Transcribimos el texto del libro de Ramón José Cárcano

Francisco Lecoq--su teoría y su obra, conservación y transporte de carnes por el frío,

 1865-1868

 

 Conservación y transporte de carne por el frío. En mi discurso de Montevideo, al inaugurarse la exposición industrial sudamericana, evoqué la memoria del uruguayo Francisco Lecoq, "iniciador de la conservación y transporte de la carne fresca por el frío, benefactor de la humanidad olvidado y desconocido, sin historia y sin estatua, sin honores ni pensiones, cuyo recuerdo es una sugestión de iniciativa individual, de energía, perseverancia y triunfo". Mi recuerdo tuvo alta repercusión: provocó la justicia histórica. El gobierno oriental solicitó recursos al cuerpo legislativo, para honrar el nombre esclarecido de Lecoq.
Apareció entonces la disputa . Un noble descendiente de Federico Nin Reyes, reclamó para este ilustre hombre público mejores derechos al homenaje proyectado. El incidente ha resultado también fecundo: ocasionó de una y otra parte la publicación de documentos inéditos de procedencia auténtica. Relacionados con los nuevos antecedentes de valor decisivo que hoy publico, la crítica dispone de elementos bastantes para extraer la verdad, derribar los interrogantes y disipar las dudas formuladas, robusteciendo así la consistencia de mis anteriores conclusiones . Los merecimientos de Nin Reyes no los discuto. Para mantenerlos en toda su integridad, no se necesita disminuir la obra inteligente, útil y generosa de Lecoq. Enseñarla en su magnitud, en todo lo que presenta de pensamiento propio y acción personal, será completar y comprobar mis noticias insertadas en El País. (Febrero de 1919) -
Antecedentes de Lecoq. Francisco Lecoq nació en Montevideo a principios del siglo XIX. Era hijo del general Bernardo Lecoq, ingeniero militar al servicio de España, enviado especialmente por el rey Carlos IV a proyectar y construir la ciudadela y puerto de la ciudad de Zabala, y mandar los ejércitos y plazas fuertes de esta zona de América . Durante su residencia en el país donde se fijó definitivamente, contrajo matrimonio en segundas nupcias con la distinguida dama

 doña María Pérez Valdez, de origen boliviano, quien de su primer matrimonio con don Juan Blanco, había tenido un sólo hijo, Silvestre, más tarde presidente de la asamblea constituyente del año 30, donde surgió la república oriental como estado orgánico. El general Lecoq tuvo dos hijos, Gregorio y Francisco. El primero fué fusilado durante la dictadura de Rosas por conspiración contra la tiranía. D. Francisco, el mayor, fué educado en Inglaterra. Logró una instrucción superior a los hombres de su tiempo, mucha práctica y acierto en los negocios, y un espíritu de iniciativa y de empresa, que mantuvo sus energías en fecunda actividad. De regreso al país natal, se contrajo como todos los jóvenes de su época a las tareas rurales. Poseía su estancia en el Rincón del Rey, en la barra del Santa Lucía, y trabajó con tal éxito, que pronto llegó a labrar una gruesa fortuna. Desde los primeros días de su arribo la forma de beneficiar los ganados, que a veces se mataban únicamente para aprovechar la piel, le impresionaron vivamente. Concluyó por constituir una preocupación constante de su espíritu, encontrar el medio de exportar a Europa el sobrante de carne de consumo local, y exportarla en tales condiciones de frescura y precio, que permitieran generalizar su empleo en todas las clases sociales. El viejo sistema del tasajo, solo lograba el consumo de la gente de color, y disponía por lo tanto de un mercado muy estrecho. Durante las guerras civiles, en las cuales fué arrastrado a tomar participación, había observado, cualquiera que fuese el lugar, que la carne colgada al aire durante el tiempo frío y seco, duraba fresca y sana, mucho más días que en cualquiera otra condición. De este hecho vulgar, simple y manifiesto, dedujo con admirable lógica y precisión científica, que si se conseguía producir el frío adecuado en la bodega de los buques de transporte, podía exportarse la carne fresca a Europa con éxito seguro, produciendo una transformación fecunda y trascendental en la in dustria y comercio de carnes del Rio de la Plata, creando una fuente de gran riqueza y des arrollo económico. Lecoq realizó tres viajes a Europa, consagrados a buscar la realidad de su visión. Allí se puso en contacto con capitalistas y hombres de negocios, con hombres de ciencia y hombres políticos. Llegó a ser recibido por Napoleón III, y estimulado en su empeño. M. Thiers le dispensó buena acogida, alentándolo en su propósito, infundiéndole energías y esperanzas. Poseía Lecoq cierta instrucción superior adquirida en Oxford, un carácter y sociabiliadad muy desenvueltos por los viajes y educación europea, una voluntad firme y continua, un espíritu investigador y analítico. Hizo en su estancia del Rincón del Rey, notables experimentos sobre viticultura y arboricultura, cuyas industrias cultivaba con el mejor gusto. Importó plantas especiales y animales de raza. Ensayó el cultivo de gusanos de seda; envió a Europa el resultado de sus diversas cosechas, para demostrar la exuberancia de la producción y la posibilidad de implantar al respecto una industria provechosa ; hizo de sus capullos preparar telas en las fábricas del continente que se expusieron al público en Montevideo . Después de la iniciativa de Larrañaga, puede decirse que el esfuerzo de Lecoq ha sido el primer ensayo integral verificado en el Uruguay, desde la cria del gusano hasta la confección de la tela. Lecoq intervino en las luchas políticas de su país, a las que no consagró su mayor pasión, mezclándose en ellas de una manera intermitente y accidental . Ministro de hacienda, jefe político de Montevideo, varias veces senador, distinguióse por su constante labor y recta conciencia, la mode ración, la tolerancia y la mesura. Contrajo matrimonio con doña Pascuala Camuso y Alsina, de alta estirpe social, hija de Carlos Camuso, alférez real de Montevideo y doña Francisca Alsina. No tuvo sucesión, pero sus extensas vinculaciones de sangre y fortuna, hicieron de su casa, una de las más suntuosas, el hogar de numerosas familias y un centro de cultura de la brillante sociedad montevideana, que entonces frecuentaba, sin distinción de colores políticos, la casa de Zumarán, como la más alta expresión de la sociabilidad, de la distinción y buen gusto. En los últimos años de su vida longeva, amaba hablar de sus preocupaciones y estudios de la juventud, de sus trabajos rurales, de su concepción y esfuerzos sobre la conser vación y transporte de carnes, del porvenir económico del Río de la Plata, por la expor tación de esta grande y noble industria. Tuvo la satisfacción de alcanzar a verla implantada y triunfante en Campana, a orillas del Paraná, por iniciativa del capital inglés, emprendedor y confiado, instrumento siempre de trabajo y prosperidad universales. Francisco Lecoq murió en Montevideo el 25 de Enero de 1882.

 Tellier, Lecoq y Nin Reyes. Refiere Tellier en sus memorias, las circunstancias que le pusieron en relación con Nin Reyes y Lecoq. Hablando del primero dice: "Llegado a Francia oyó hablar de mis trabajos sobre el frío. "Vino a verme, me informó de las vastas praderas de su país; de la importancia pastoril existente; del alto interés que tenía de favorecer la exportación del ganado bajo todas sus formas. "El me habló de su amigo Francisco Lecoq, que yo conocí más tarde, quien dividía las mis mas opiniones, y había por su parte proyectado la utilización del frío. "Este último (Lecoq), era un hombre de alto valor, de concepción viva, ardiente en los negocios, aunque ya de alguna edad, poseyendo, además, una gran fortuna. "El también veía en ésta cuestión la expansión de su país de adopción, (él era belga de origen), y se manifestaba decidido a favorecerla" (i). Las ideas generales sobre la industria pastoril del Uruguay y de exportación del ganado, Lecoq, las dividía con Nin Reyes. Eran entonces las ideas del ambiente, pero además, el primero había proyectado la utilización del frío, según el testimonio intergiversable de Teuier. Se trata de un hecho concreto y determina do : un proyecto para utilizar el frío en la conservación de carnes, cuya realización se buscaba en 1865. Es necesario conservar la memoria precisa de las fechas, porque ellas deciden respecto de la prioridad de una idea, concretada en un proyecto que significaba una invención. (i) Cf. Ch. Tbluer. Histoire d'une invention moderne : Le frigorifique, cap. XIV, pág. 7i. Tellier, aludía, sin duda, a la nacionalidad del brigadier Lecoq, y por eso considera a don Francisco "belga de origen".
En 1865, Tellier no había aún aplicado su invención al transporte de las carnes conserva das por el frío. "La primera experiencia que yo hice, dice, remonta a 1860 o 1861 . Ella consistía simple mente en el establecimiento de un aparato de 2 metros cúbicos, guarnecido de tubos recorridos por una corriente de éter metílico líquido, que vaporizándose a baja temperatura era después absorbido. "Mi objeto era entonces suprimir el empleo del hielo para las aplicaciones ordinarias, y subtituirle por un modo de acción más poderoso, más enérgico, más seguro, "Yo no tenía aún en vista las aplicaciones de ultramar, (en i86i). "Esto me sucedía por un motivo ya explicado : es que en esta época yo no había encontrado los aparatos frigoríficos prácticos, propios al servicio de la navegación . "Pero en i867, la situación habíase modificado. Yo tenía al fin el instrumento que me permitía obrar" ( i ) . Lecoq arribó a París en los últimos meses de i865, y el 20 de Enero de i866, obtuvo su patente, "sobre el modo de conservar frescas las sustancias animales y vegetales, como así mismo sobre la maquinaria a emplearse con ese objeto" (2). En este año, cuando ya Lecoq tenía su pensamiento hecho y patentado, Tellier recién empezó a preocuparse de la conservación de carnes para el transporte, cuya solución alcanzó en 1867, estimulado en sus trabajos por sus amigos uruguayos. Aquellas largas conversa ciones de Lecoq y Nin, escribe Tellier, "me iniciaron en todas las riquezas de aquellas regiones. Ellas desenvolvieron en mí el deseo, más ardiente que nunca, de llegar a transportar por el frío, las masas de carne que se perdían" (1). Mientras Tellier estudiaba el problema, Lecoq buscaba las ejecución de una idea concluida. En los hechos, el segundo precedía dos años al primero . (i) Cf. Tellier, op. cit. cap. IX, pág. 40. (2) Cf. Encabezamiento de la solicitud de patalista usurero de imponer a nombre propio la patente de invención ajena, para garantir el capital invertido en ella. El procedimiento, por lo menos, no resulta elegante para Lecoq ni para Tellier, dos hombres de honestidad comprobada . Aquella suposición es gratuita, carece ente ramente de motivo. En aquella fecha, (Enero de i866), Lecoq no había aún facilitado suma alguna a Tellier, ni el eminente sabio había primera en su género que funcionó industrialmente". En estos renglones todo es inexacto. La primera máquina frigorífica la inventó Tellier en 1860 y no en 1865. Esta máquina era para fabricar hielo, no para conservar sustancias alimenticias, y nunca funcionó industrialmente. El primer recipiente para conservar alimentos por el frío lo construyó en i862. La máquina, adquirida por Menier y Cía. fué en 1868 y no en 1863. Cf. TeiaiER, op. cit. cap. II, pág. ii, cap. IV, pág. i8, cap. VII, pág. 35.
construido su máquina aplicable al transporte de carne conservada por el frío. Nada tenía Tellier que garantir a Lecoq, ni nada tenía Lecoq que exigir a Tellier. Lecoq poseía el sistema concebido por él, y únicamente a esta invención se refiere la patente N.* 70i07, obtenida en París y solicitada en Londres al mismo tiempo. En la solicitud de inscripción se refiere mi nuciosamente al sistema de Lecoq. Necesito transcribir íntegramente este documento. Establece en forma inconmovible la verdad, y destruye todas las dudas opuestas a la verdad, afirmada por mi parte con toda conciencia.
Objeto del invento. Habla Lecoq en su exposición a la prefectura del departamento del Sena: "Mi invento se refiere a nuevos medios de conservar alimentos vegetales o animales, u otras substancias, frescas y en aparatos adaptados al propósito de transportar esas substancias conservadas de un sitio a otro . El principal objeto del invento es conservar el cuerpo entero de un animal muerto y poderlo transportar de un país a otro en condición fresca, de suerte que la carne pueda ser suministrada tan fresca como si el animal acabase de ser muerto.
El sistema. "Para efectuarlo, propongo que después de haberse limpiado cuidadosamente la res, se deposite la misma, o un número dado de animales, en estado seco, en un recipiente o recipientes, cuya temperatura deberá mantenerse baja, usando el procedimiento siguiente: Propongo, en primer lugar, que se suprima toda la parte acuosa de la carne, reduciéndola así a un perfecto estado de sequedad. Para conseguir esto, someto al animal a la acción de un soplo o corriente de aire, formado por un abanico o ventilador de modelo adecuado. El cuerpo de la res se colocará en un

 recipiente cilindrico o tubo abierto en ambas extremidades de modo que lo exponga a la influencia secante del aire, y cuando esté perfectamente seco, lo coloco en un recipiente metálico o caja de forma especial, después de lo cual debe soldarse una tapa o cubierta o en otra forma que asegure un compartimento estanco. Esta cubierta deberá proveerse de un corto tubo y una llave con el obejto de aplicar el tubo de una bomba de aire para sacar todo el aire contenido en el recipiente metálico, cerrándose entonces la llave y retirando la bomba de aire ( i ) . "Si la carne debe ser embarcada en un buque desde el sitio en que ha sido muerto el animal hasta otro país, se proveerá de algibes para recibir los cajones metálicos: estos algibes contendrán agua y alguna composición frigorífica, agregándoseles diariamente un repuesto de la misma, o tan a menudo como sea necesario, de manera tal que una temperatura uniforme pueda mantenerse, de lo que podrá cerciorarse siempre por medio de un termómetro . "Los cajones metálicos deberán ser construídos si se quiere, con paredes dobles o forros, y los espacios intermedios se llenarán con alguna substancia mal conductora, tal como corcho, serrín, para evitar la radiación o conducción del calor. También las cajas deberán ser de suficiente resistencia y espesor como para impedir que la presión atmosférica las deforme hacia adentro. Las cajas podrán ser del tamaño necesario como para contener una o más reses . Si se desease, uno o más recipien tes podrían construirse para uso permanente como bodegas en el buque, en las cuales un cierto número de reses tendrían cabida, extra yendo el aire, como se dice anteriormente, y cubriendo estos recipientes con otra caja o cajón, cuyas paredes fuesen más altas que los recipientes mismos, sucedería que el líquido re frigerante cubriría toda la superficie del cajón interior y por lo tanto, mantendría un grado de frío uniforme. "No es sin embargo, necesario recurrir a líquidos refrigerantes para la producción y el mantenimiento de la baja temperatura con veniente" .(i) Entre los papeles de Lecoq, existe un pequeño croquis dibujado por él, sobre estos recipientes.
El aire seco y frío. "También propongo formar en buques especialmente construidos para este invento, una serie de compartimentos o cámaras que pueden ser echas de madera. En estos compartimen tos, un gran número de reses secadas podrían suspenderse lo más próximo posible una de otras: las cámaras deben quedar entonces ce rradas y se impelirá dentro de ellas una co rriente constante de aire frío y seco, generado como se indica más arriba, por medio de un sistema de tubos y cañerías, mediante el cual las reses estarán constantemente sometidas a su influencia y todo elemento de descomposición será suprimido y la carne se conservará en un estado dulce y fresco . Este método sería el más sencillo y más barato que podría adoptarse ; solamente requeriría la vigilancia de una sola persona encargada de regular la provisión de aire según las indicaciones de un termómetro colocado dentro de la cámara, en posición adecuada para su observación. "Un buque podría construirse, con una serie de compartimentos, para la ejecución de esa parte del invento, con capacidad suficiente para un vasto número de reses conservadas, y que llevase de una parte del mundo a otra en condiciones satisfactorias. Por esta invención podrá llevarse la carne de un punto a otro y vendida como carne fresca igual a la que se compra en las carnicerías generales, al paso que por el procedimiento común de conservación o se sala la carne y se la priva por lo tanto de muchas de sus propiedades nutritivas, o bien, se cuece y se encierra en latas herméticamente cerradas. "Con respecto a subtancias vegetales el procedimiento es el mismo.

 

 

Empleo de harina.

 "Es bien sabido que la harina posee las propiedades de preservar a las substancias animales de una rápida descomposición, por ejemplo, si el sebo o la grasa son envueltos en harina, permanecerán dulces por muchas semanas, mientras que expuestos al aire en estado húmedo, es la parte de la res que primeramente ataca la descomposición: la grasa y el sebo son compuestos de carbono, hidrógeno y agua ; pero la carne magra colorada, o fibrina y albúmina que son la parte nutritiva o sangre y carne de la masa de la res, contiene una gran cantidad de hidrógeno, el elemento más necesario del alimento del hombre, y esta presencia del hidrógeno hace a la carne magra más suceptible de conservación que al sebo y a la grasa. "Propongo, por lo tanto, que al llevar a efecto mi invento, se envuelva a las reses, cuando se hayan secado o casi secado, con una capa de harina . "Propongo emplear para ese objeto los medios siguientes: después de someter las reses al procedimiento preliminar de secarlas, se llevarán y serán suspendidas en los apartamentos construidos en tierra o a bordo del buque, y en dos lados opuestos de ella una serie de abanicos rotativos o ventiladores del sistema de una máquina irrinnowing, se ajustarán en posición adecuada y se harán mover a mano, o a vapor. Se colocarán cajas o receptáculos para la harina sobre cada serie de ventiladores, y se hará que esta caiga gradualmente hacia los abanicos, los que funcionarían en direcciones contrarias y formarán una nube o remolino de harina en el apartamento cubriendo así completa y eficazmente las reses, absorbiendo cualquiera humedad restante en la superficie y adhiriéndose a ellas a punto de quedar completamente secas por la continuada corriente de aire. La propiedad antiséptica de la harina ayudará materialmente a la conservación de la carne en estado fresco y dulce, y el principal beneficio se encontraría cuando el buque llegase a su destino y se hiciera necesario sacar las reses al aire libre. "Además, el aspecto de las reses mejorará mucho.
El invento propio. "Habiendo ahora descripto la naturaleza de mi mencionado invento y la manera en que debe ser ejecutado, haré notar, para concluir, que no me limito a ninguna forma precisa de aparatos o recipientes, ni a medios especiales para someterlo a un grado de temperatura con el propósito de conservar la res muerta en estado fresco, puesto que otras modificaciones podrán sin duda idearse para conseguir el efecto deseado, pero lo que reclamo como invento mío y deseo se me confirme y asegure por las referidas cartas patentes, son los métodos de conservar sustancias animales y vegetales, principlamente las reses muertas aptas para la alimentación, por medio del procedimiento de extraerles el agua, reduciéndolas a estado seco y sometiéndolas a una temperatura fría constante y uniforme, pero no tan baja que llegue a cero, sea en recipientes de donde se extraiga el aire seco y frío, conservando y manteniendo así la fresca y seca condición de las reses, expuestas a su influencia duran te el viaje de un buque desde el punto de matanza a otro país, substancialmente como se especifica en este documento" ( i ) . (i) Cf. M. S. inédito en mi archivo. Debo este documento como las demás piezas originales que se citan en ésta exposición, a la fina amistad del doctor Germán Roosen. Este documento es copia de la solicitud de patente presentada en Londres, pero como simultáneamente se solicitó en Francia e Inglaterra, es evidente que es la misma que se presentó en París.
Experiencias de Lecoq. En lo fundamental, el método de conservación y transporte de Lecoq y Tellier es el mismo: una corriente continua de aire seco y frío, próximo a cero. A esta sencilla expresión reduce el primero su pensamiento, en la última parte del documento transcripto, tan ilustrativo y claro, en sus términos y conceptos . El empleo del vacío, (i) de harina, hielo, y otras substancias secantes y refrigerantes, son (i) El vacío era una precaución inútil. Si la temperatura subía, la descomposición de la carne se producía como al aire libre; si se mantenía el frío adecuado, la conservación se operaba sin nece sidad del vacío.
medio accidentales a que recurre para conse guir el frío que necesita. Por eso dice que no se limita a ninguna forma precisa de aparatos o substancias especiales para lograr bajas temperaturas, "puesto que otras modificaciones podrán sin duda idearse para conseguir el efecto deseado". Busca primero por irradiación el frío que Tellier produce por una corriente de aire, pero advierte que este procedimiento sería el más económico y seguro. Obtenida la seguridad de la patente, Lecoc se consagró en Londres a realizar experimentos dentro de sus propias ideas. Aparece así de su correspondencia con Nin Reyes y Terrero. "El haber asegurado la patente, — dice Terrero — , es solo importante, en el sentido de habilitarnos para ocurrir a personas aptas que combinen y den forma al aparato que debe hacerla factible, y sin lo cual, la idea por espléndida que sea, no pasaría de una teoría impracticable. Así, el trabajo que yo recomiendo, y al que me permito llamar toda su atención, es al de obtener la demostración con planos fijos de aquel mecanismo y sus funciones. Eso establecido, vendremos al de calcular sus costos y productos. Si estos últimos dominan, claro es que entonces se trabajará la patente y se negociará, como Vd. lo acepte más conveniente; si lo contrario, el abandono sería forzoso, sea temporal o absolutamente. Además que no habrá Vd. olvidado que sus patentes son su sola propiedad aunque no trabajen por años, o nunca, siempre que Vd. continúe pagando los impuestos a que están sujetas esas concesiones por el poder que las acuerda. "Por supuesto, que en lo que importe a informarme sobre el mecanismo requerido y sus complementos, en eso yo no perderé ocasión de tratarlo, y si obtengo opinión que valga, lo sabrá Vd. sin demora. "Si es o nó vendible en estos países carne fresca y barata, no es difícil decidirlo. Lo que si lo es, y hasta hoy parecía impracticable, era proporcionarla. Demostraremos que lo es; y la bella idea que Vd. inició tendrá una espléndida recompensa a sus afanes" (i). Nueve días después, Terrero escribía : "pude tener una conversación con persona que me proporcionase alguna idea en cuanto a mi consulta, sobre la preparación del buque y demás requerido para el transporte de carnes frescas, de acuerdo con la patente de Vd. dando yo naturalmente una idea general del plan que nos proponemos. "Ayer, como sábado, no era posible obtener respuesta, además que el tiempo no daba para obtenerla de un día a otro. Así pues, y en esta espera, Vd. pensará cual seria mi sorpresa ayer tarde, obteniendo del modo más casual, un impreso despachado para el Río de la Plata, por el paquete que salió de aquí el día 9, en que se trata la cuestión carnes, refiriéndose a publicaciones del Times, y la ventaja del Río de la Plata para suplirse ésta, y entre otros citando al mismo periódico, dice ésto: "Por ejemplo, se está formando una compañía para importar de Texas ganado gordo, y (en cuanto a las objeciones ya expuestas a propósito de la infección, esta sola idea de bía excluir toda otra consideración) no hay duda que bien manejada, probará ser un éxito. Mr. Neill llama la atención sobre el hecho de que los promotores de esta empresa, en vista de la objeción de la larga preparación que se necesita para convertir la carne salada agradable al paladar, proponen también importar carne fresca, "usando" de acuerdo con una exposición hecha en el Times, hielo para conservar frescas cámaras grandes de aire, pero sin poner al hielo en contacto con la carne, ni llegar al punto de congelación, empleando medios químicos baratos, para absorber la parte acuosa y gran parte del oxígeno". "Esto, continúa diciendo el cónsul general en su informe, puede a primera vista parecer complicado a las personas del Río de la Plata, pero en realidad no es así." "Algunas líneas más que concluyen esa publicación, son ya sin uso al objeto, y como Vd. comprenderá, Mr. Neill es el cónsul general del Estado Oriental aquí. "Ahora yo pregunto, si este no es el plan general de Vd., es su segundo. En todo caso, la diferencia de nombrar a Texas en Estados Unidos o el Río de la Plata, es natural, pues bien puede el dicho plan trabajarse en uno o más lugares o países. luego como en el sistema de Vd. no se determina el uso de medio químico, para absorber la parte acuosa (moisture) y gran parte del oxígeno (i), esta variación, tenga la importancia que tenga o ninguna si Vd. quiere, sin embargo, lo es, y de ello resulta que la patente de Vd. no lo garan tiza en esa concurrencia, aunque la real con servación consista en la baja temperatura sostenida como único medio de salvar la corrupción, pues, en realidad dése Vd. la composición que quiera y exponga la carne a la temperatura normal, y será perdida, horas o días más o menos. Pero, es esta coincidencia una casualidad, o de ante mano, alguien de los que conocían la idea de Vd., ha sugerido su publicación y aplicación? "Yo no he visto esa referencia del Times que se cita; tampoco hay hoy mal alguno, y si bien, en tocar el punto, pero la importancia para nuestro caso lo que veo se inicia con un fin, que si favorece la cuestión general, daña al promotor y artesanos de la idea, que ni aún la poca y modesta recompensa de figurar en la empresa original les queda ya. Es cierto también que la patente es el documento prueba de que Vi. fué el promotor; no lo es menos, que Vd. dice "carne fresca", pura y simple mente, pero en la aplicación práctica, ni eso evita la concurrencia que autoriza la preparación química propuesta, y tal vez sea hasta un medio ventajoso para precaver los descuidos e inconvenientes, que aunque momentá neos serán siempre fatales a la carne. "Y Vd. tal vez no haya olvidado, que yo indiqué y sostuve, hacer alusión en la patente, a cerrar herméticamente, (fuese para usarlo o no) los compartimentos del buque, y mi alusión a Vd. sobre una conservación que se me había propuesto y de que me ocupo, de parte de un inventor francés, para preservar la carne fresca en cajas herméticamente cerradas. En una palabra: combinar para mayor abundamiento, o sí Vd. quiere para imponer más al vulgo, el uso de alguna materia que ayude y supla cualesquier defecto o falta en la temperatura, momentáneamente, pero así mismo riesgoso. "No sé como verá Vd. este nuevo aspecto que toma el asunto que nos ocupa. Que él, ya no es un secreto para nadie, y que sobrarán quienes lo desarrollen, tampoco es dudoso. A pesar de todo, Vd. tiene un escudo en su mano que usado con destreza aún puede ser muy valioso. "En cuanto a no tenerlo en suspenso, Vd. sabe de muy atrás como pienso ; cuidado no lo perdamos todo por mucho considerar" (i). Una semana después Terrero agrega noticias ya citadas por mí en El País y sobre las cuales necesito insistir. (i) Cf. Carta de Terrero o Lecoq. Londres, Fe brero ii de i866, M. Sf inédito en mi archivo.(i) El subrayado en esta parte es de Tkbrero.(i) Cf. Carta de Máximo Terrero a Lecoq, Londres, febrero 2 de i866. M. S. inédito en mi archivo.

"La posibilidad, dice, de hacer valer y funcionar la patente de Vd., si las apariencias no me engañan, parece encontraría menos inconvenientes de los que parecían al primer momento de su contemplación, y más diré, que si los arreglos y costos de los buques para transportar la carne, son como se me indican, ni máquinas para formar hielo se requieren, pues la baja temperatura, se obtendrá por me dio de una preparación química, combinada con la extracción del aire, que mantendrá los depósitos en más completa seguridad de lo que aún se puede imaginar. Claro que los arreglos en el buque transporte, varían en cuanto a la colocación y distribución de los compartimentos, pero es material y nada toca al principio ni su aplicación. Toda esta indicación debe ser satisfactoria para Vd." (i). (i) Cf. Carta de Terrero a Lecoq, Londres, Fe brero 16 de 1866. M. S. en mi archivo.
Todos estos testimonios documentados e irrecusables, las patentes de París y Londres y la correspondencia confidencial, que por su carácter merece entera confianza, demuestran que Lecoc perseguía con fe y conciencia la aplicación de una teoría propia, independiente de las investigaciones y resultados obtenidos por el sabio francés. Directamente, y por inter medio de Terrero en Londres y sin duda de Nin Reyes en París, consultaba a hombres de ciencia y armadores, buscando el procedimien to más simple, seguro y adecuado, para pro ducir el frío que necesitaba en la bodega de los barcos de transporte ( i ) . Parece que el mismo realizaba sus ensayos, (i) Se deduce de una carta de Terrero que en Londres secundaban a Lecoq en sus experiencias el capitán Harrison y el químico Duppa, cada uno muy competente en su especialidad. Cf. Carta de Terrero a Lecoq, Londres, Octubre 8 de i866. M. S. inédito en un archivo.
Según afirmaciones de Nin Reyes, en la carta publicada para demostrar lo contrario. "Está ahora, (Lecoq) con sus experimentos entre manos, dice Nin, persistiendo en el empleo de un solo medio; sin embargo, que tiempo hace que estoy ocupándome de esa cuestión, examinándole por todas sus fases, y haciendo concurrir a ese estudio hombres los más competentes en esa especialidad, y formando la opinión que le he comunicado, y es que doy preferencia al empleo del aire frío, etc." (i). (i) Cf. Carta de Nin Reyes a Máximo Terrero, París, Marzo 8 de 1866, publicada por X. X. en El Bien, febrero 26 de 1910. En esta misma carta recién agradece a Terrero la buena acogida que ha dispensado a su recomen dado Lecoq. La primera carta de Terrero a éste último, es de Enero 4, de manera que Nin Reyes había pasado por lo menos dos meses sin comunicarse con el último sobre las cuestiones que estudiaban tan activamente, La preferencia por el aire frío que en

 Marzo comunica Nin Reyes, la estableció Lecoq en su patente de Enero como base de su teoría. Terrero, contestando a la carta anterior, manifiesta que Lecoq "no considera preferente, como para mí lo es, adoptar el plan de usar aire frío en lugar de hielo, para conservar la carne a bordo. Pero estoy resuelto a no contrariarlo en su actual experiencia ni su idea fija (i). Lecoq realizaba su ensayo con la firmeza de la convicción, y su amigo incurría en lamentable confusión, muy común por otra parte, menos de extrañar en aquel tiempo. Lecoq no empleaba el hielo para conservar la carne, sino para irradiar el frío, el elemento que buscaba para aplicar a su conservación. Usaba el hielo como cualquier otro cuerpo refrigerante para generar el aire frío, lo cual es completamente distinta del hielo como aplicación directa. En los primeros días de Marzo, Nin Reyes le escribe a Londres rectificando algunas apreciaciones sobre Tellier, y exponiendo los estudios y conclusiones del eminente sabio. Se detiene en el actual ensayo de su amigo, y desarrolla su crítica con admirable acierto, den tro de los principios y conclusiones científi cas de Tellier. "Pero este ensayo, le dice, lo have Vd. en una atmósfera libre, más o menos pura, pero libre en fin. A bordo de un buque, ni aun se ha podido ventilar convenientemente ni el lugar de las máquinas, cuanto más evitar las emanaciones de las bodegas, y desde que hay que abrir y cerrar compuertas para introducir el hielo, y que éste debe enfriar, no por contacto si se quiere, pero sí e inevitablemente por irradación, imposible es pretender que no se introduzcan en el espacio corpúsculos entumecidos (i), inertes si se quiere, pero no muertos, y que entre los ángulos de irradación, si queda un solo pedazo que absorva calor, ese será su abrigo, de allí hará propagación a todos, y si se domina será abriendo, viendo, in troduciendo ,en fin, más y más inconvenientes." Poco ha faltado, concluía, para que me pusiese en camino para verlo y ver su experimento" (2). Las observaciones, por su precisión científica muestran un carácter definitivo. No era la ciencia de Nin Reyes, que entonces no se enseñaba en las escuelas ni se aprendía en los libros; era la ciencia personal de Tellier, en cuyos descubrimiuutos estaba instruido,

cuando aún no había alcanzado la divulgación común. No era extraño entonces que Lecoq persistiera en una vía incierta, procurando adquirir la corriente de aire frío, el factor esencial para la realización de su teoría, que coincidía en el concepto con las investigaciones y resultados obtenidos por Tellier. Si Nin Reyes y Terrero hablan del ensayo actual, del experimento de Lecoq; si el mismo Nin enuncia a su respecto observaciones críticas, es claro que el ensayo, el experimento existía. Las cartas publicadas con el propósito de negarle méritos, son valiosa e irrecusable prueba de sus méritos ( i ) . No es el prestamista precavido, como se ha supuesto, que simula la propiedad de una patente ajena para garantir su dinero. Es el modesto observador que estudia el estado de la riqueza del país, que concibe un principio cuya aplicación aseguraría su creciente prosperidad, que lo funda y eleva a la categoría de una teoría científica, que se lanza a la tarea de hallar un medio de realizarla, que le consa gra su tiempo, su esfuerzo y su fortuna, veri fica ensayos y experiencias costosas, busca la colaboración de competencias reconocidas, y no descansa hasta vencer. (i) Me refiero a las publicaciones de los señores Gastón A. Nin, Dardo Estrada y X. X. en El País y El Bien de Montevideo.(1) "que se introduzcan", dice la carta publicada. La falta de la partícula no debe ser error de imprenta. (2) Cf. Carta de Nin Reyes a Lecoq, París, Marzo 8 de 1866, diario cit.
(i) Cf. Carta de Terrero a Nin Reyes, Londres, Marzo 10 de 1866, diario cit.


Lecoq fomenta los trabajos de Tellier. Después del ligero ensayo de i862, Tellier no habíase ocupado especialmente de la con servación de carnes. Ninguna experiencia ha bía realizado, con el propósito de transportar las a grandes distancias al través del mar. El conocimiento de la riqueza ganadera del Río de la Plata despertaron su entusiasmo. Nin Reyes y Lecoq estimularon su esfuerzo, y muy pronto el sabio construyó la máquina pa ra producir el aire frío y seco que Lecoq bus caba. No se preocupó aún el famoso inven tor de una instalación completa a bordo para la conservación de carnes. Los documentos de que dispongo, no me permiten afirmar las conclusiones a que arri bó Lecoq en sus experiencias, o si desistió de continuarlas a la vista de la máquina construi da por Tellier el mismo año, a comprensión mecánica de amoniaco, para refrigerar bode gas y locales. (1866). El desistimiento es lo probable porque es lógico. Poseía ya el ins trumento para practicar su teoría y realizar la empresa que meditaba durante largo time po de trabajos y anhelos. En el segundo trimestre de 1866, debió Lecoq hallarse bien instruido de las experien cias de Tellier y del alcance de sus investiga ciones. En estos estudios le acompañaba se guramente su amigo Nin Reyes, que mantenía vinculaciones cordiales con el sabio francés, confianza en su labor fecunda y continua, y entusiasmo por la iniciativa de su compatrio ta sobre el transporte y comercio de carnes del Río de la Plata.
En el mes de Junio fué decretada por deudas la prisión de Tellier y encerrado en Clihy. Sus largos días de cárcel no pasaron esté riles, y allí terminó su famosa obra L'Ammo- niaque dans ¡'industrie.
Propósitos de Lecoq. Lecoq, con la conciencia de haber hallado la solución de su problema, después de haber asegurado su apoyo material a Tellier, partió en Septiembre a Montevideo. Se proponía constituir una sociedad anónima, cuyo capital completaría en Inglaterra. Su amigo y agente de negocios Terrero, quedó encargado de con cluir un convenio para el uso de la máquina de Tellier y estudiar las condiciones para las ins talaciones y fletamento de buques de trans porte (i). (i) El señor Dardo Estrada ha negado mi afir mación de que Lecoq cultivaba una amistad íntima con Terrero. Aunque el hecho nada significa en el.
No descuidaba en comunicarle al respecto informaciones. En Octubre le dice : "Por hoy, me parece convenido el traspaso de la patente de Mr. Tellier, en la parte aplicable a la venti lación de las bodegas en buques conduciendo substancias animales. Sin embargo, nada está concluido" (i). En Noviembre añade: "En cuanto a nues tros planes, inútil es decir que ellos duermen sin poder calcular cuando se presentará oca sión para ponerlos en práctica. El dinero es abundantísimo, el interés muy bajo, y los ca pitales ansiosos de ocuparse, pero lo pasado de Mayo aquí, influye a tal punto en el ánimo del público, que la sola idea de volver a pro poner compañías o proyectos en esa línea de especie alguna, sería exponerse a un rechazo, más que inútil ridículo. "Entre tanto, en otro sentido, no perdemos el tiempo, y anuncio a Vd. con satisfacción, que al menos con arreglo y buen acuerdo, soy poseedor del aparato Tellier, que es el punto mágico para el enfriamiento de la bodega de ios buques, que algún día conducirán de esos a estos países, carne fresca en las condiciones que tanto deseamos. "Sin embargo, lo veremos realizar? "Aún no me atrevo a ser profeta (i). (i) Cf. Carta cit. de Terrero a Lecoq, Noviembre 23 de 1866, M. S. inédito en mi archivo. asunto de que se trata, es un deber confirmar su verdad. "No lo olvideremos a la hora del refectorio al gustar el pucherito, ni tampoco a la del café, aunque éste lo saboreará usted mejor en su presente estancia. Así, lo saludo con Manueuta, como siempre servidor y afectísimo". Carta cit. de Terrero a Lecoq, de Febrero n de i866. £1 pucherito es un plato de intimidad; es como recibir las visitas en bata de dormir. (i) Cf. Carta cit. Octubre 8.
Algunos días después la situación no varía: "Yo escribí a Vd. en fecha 23 de Noviembre anterior. Nada ocurre desde entonces que co municar en cuanto a lo que en común nos in teresa. Aún no he arribado a formular la con cesión Tellier en mi favor, para servir a la patente de Vd., pero confío en llevarlo a cabo, contando con la eficacia de nuestro común amigo don Federico Nin Reyes, y la buena dis posición de Mr. Tellier para corresponder a los servicios, que tanto Nin Reyes como yo, hemos hecho en su obsequio. Confío en que esto se arreglará pronto. "Ahora la aplicación cuando será? "Encontraremos apoyo y auxilio? "Mucho temo no se conseguirá aún de este lado. El desaliento para toda empresa antes aumenta, y salvo las transacciones de necesi dad diaria, todo lo que importa especulación o tienda a dar impulso al desarrollo de plan alguno, sea el objeto cual fuere, es inútil bus carlo" (i). Lecoq llegó a Montevideo, cuando el Río de la Plata hallábase absorbido por la guerra del Paraguay. Se trasladó a Buenos Aires. En ninguna de ambas ciudades encontró capitales para asociar a su empresa. Las circunstancias no permitieron pensar en negocios. "No deja de haber, escribía, quien crea que el negocio está muy bien concebido, y que es grandioso, pero dicen que puede salir mal por falla de las máquinas. "En fin, para no molestar a Vd. más, le diré que haré en estos días todos los esfuer zos posibles para ver si encuentro quien me ayude, sea con la cantidad que sea, poniendo yo lo restante; y si esto no consigo, estoy de terminado a hacerlo solo. Para esto desearía saber, lo más aproximativo posible, los costos que sería necesario hacer, tanto por el gasto y flete del vapor, como la máquina, etc., etc. "Así, espero, que con la mayor brevedad que sus demás asuntos se lo permitan, me comuni que el resultado de sus trabajos, y en el ínte rin seguiré trabajando aquí y en Buenos Ai res, y si no consigo formar la sociedad, me aprontaré, como llevo dicho, para hacer los gastos solo" (i). Terrero se apresuró a contestar : — "El time po es corto para escribirle nada, en cuanto a sus preguntas sobre preparación del buque, etc., para una experiencia en conducir carne a ésta. Además, por lo más bien dispuesto que está pa/a mí M. Tellier, que agradecido a las atenciones y servicios personales, que tanto el señor Nin Reyes como yo lo hemos hecho, me saber, lo más aproximativo posible, los costos que sería necesario hacer, tanto por el gasto y flete del vapor, como la máquina, etc., etc. "Así, espero, que con la mayor brevedad que sus demás asuntos se lo permitan, me comuni que el resultado de sus trabajos, y en el ínte rin seguiré trabajando aquí y en Buenos Ai res, y si no consigo formar la sociedad, me aprontaré, como llevo dicho, para hacer los gastos solo" (i). Terrero se apresuró a contestar : — "El tiempo es corto para escribirle nada, en cuanto a sus preguntas sobre preparación del buque, etc., para una experiencia en conducir carne a ésta. Además, por lo más bien dispuesto que está para mí M. Tellier, que agradecido a las atenciones y servicios personales, que tanto el señor Nin Reyes como yo lo hemos hecho, me deja en posición de redactar la concesión co mo me parezca; aún no se si resolveré tomar una patente adicional para funcionar con la de Vd. o reducirme a una transferencia pura y simple para usar el aparato de Tellier, que ya hoy está patentado. "Además, cuál es el fondo de que voy yo a disponer aquí para ordenar planos de la pre paración de una parte de un vapor, aplicación del aparato, etc.? "Todo esto lo observo para que Vd. consi dere la urgente necesidad de regularizar lo requerido, así como yo continuaré en tenerle al cabo de como resulte la negociación con Te llier y plan de aplicación" ( i ) . A pesar de hablarse de cosas bien encami nadas, en Londres no se avanzaba. "Entre tan to, comunicaba Terrero, nada se mueve en estos países, y cada día parece alejar más todo espíritu de empresa, ni reacción favorable pa ra el valor de las materias primas a la indus tria, entre ellas las de nuestros países. El di nero es abundantísimo, 2 i|2 % en los Bancos de este país y Francia. Sólo las provisiones aumentan de valor en proporción asombrosa, y si la estación no mejora temo una cosecha deficiente, que nos dará muy mal rato por la depreciación de los demás valores, y entre tan to, a la vez que todo el mundo habla de con ducir a estos mercados carnes, lo ya conocido se rechaza sin réplica, y para llevar a cabo nuevas experiencias, no hay quien se avance más allá que desear a uno buen suceso en la empresa, pero no a soltar las jaretas de la bol sa a su sostén. Tal es el desaliento que inspira al público los fiascos de experiencias anterio res ( i ) . (i) Cf. Carta de Terrero a Lecoq. Londres, Junio 6 de i867. M. S. inédito en mi archivo.(i) Cf. Carta de Terrero a Lecoq, Londres, Di ciembre 22 de i866. M. S. inédito en mi archivo.(i) Cf. Carta de Lecoq a Terrero, Montevideo, Noviembre 14 de 1866. M. S. inédito en mi archivo.(i) Cf. Carta de Lecoq a Terrero, Montevideo, Noviembre 14 de 1866. M. S. inédito en mi archivo.(i) Cf. Carta de Terrero a Lécoq, Londres, Di ciembre 6 de 1866. M. S. inédito en mi archivo.

Lecoq resolvió volver a Londres e impulsar personalmente su empresa. En Buenos Aires y Montevideo nada podía intentarse por el momento. La guerra y el cólera diezmaban la población y concentraban toda la vida nacional. En Europa debía esperarse que la Exposición universal de París, reanimara las actividades de la industria y el comercio. En Abril anunció a Terrero su regreso. Las dificultades de la partida y las cuarentenas del camino, recién le permitieron llegar a Londres a principios de Agosto. Pocos días después partió a París.
Tellier asociado a Lecoq. En febrero, Tellier había salido de Clichy, después de ocho meses de prisión. Esperaba impaciente el arribo de Lecoq. Le fué muy fácil entenderse y convenir ambos las condiciones para ejecutar sus proyectos, alcanzar el anhelo común. Se decidió a verificar un ensayo local; se sirvió entonces el conocido y famoso banquete de París (1867), preparado con carne conservada en el frigorífico durante 120 días. El éxito fué completo y resonante. "El jugo, la sangre, salían bajo el cuchillo, como de carne comprada por la mañana en el mercado". El ensayo fortificó las esperanzas y encendio los entusiasmos. Una experiencia decisiva quedó resuelta al través del mar. "M. Lecoq, yo lo he dicho, exclama Tellier, era hombre de ejecución, de vistas amplias. No vaciló en costear los gastos de una instalación, debiendo establecerse, después del éxito de París, de manera a ser montada en un vapor para tentar la travesía del Atlántico." En la página siguiente agrega: "M. Lecoq siempre ardiente en la realización de la obra, suministró los fondos necesarios a esta experimentación, la primera de este género hecha en el mar (1867-1868). El merece, pues todo reconocimiento. Yo soy feliz de testimoniar aquí la expresión de su recuerdo" (1). El descrédito y desconfianza que en aquel momento existia en Europa para aquel género de empresas, asignan al concurso de Lecoq un valor singular. Según la expresión de Terrero (1) Cf. TeiaiER, op. cit. cap. XIV, pág. 84 y 85.
nadie entonces abría la "jareta y estimábase "ridiculas" aquella clase de iniciativas. En el Río de la Plata se consideraba bien concebido el negocio, hasta "grandioso" pero temían que fallaran las máquinas. Lecoq no se contagió por el ambiente ; con fe y energía inquebrantables afrontó solo la situación, y dominó con sus medios las malas circunstancias. Es que el motor interior, el móvil personal y activo, no era el lucro comercial. Dominaba el convencimiento y la pasión del inventor, largos años de meditación, de anhelos, de esfuerzos persistentes. Sin el aporte decisivo de Lecoq, la gran iniciativa a

 través del océano hubiérase indefinidamente retardado.

 

El contrato. Tellier y Lecoq fijaron por un contrato las condiciones de su asociación. No pretendió el segundo, ni patente adicional, ni transferencia de patente, como indicaba Terrero. Se limitó únicamente a fijar los derechos a obligaciones recíprocas por un convenio especial. Es tanta la importancia del documento, de puño y letra de Lecoq, que no puedo omitir su transcripción íntegra y textual" : "Convenio celebrado entre el señor Tellier por una parte, y el señor Lecoq por otra, relativo al negocio de la conservación de carne y materias vegetales por medio de la baja temperatura, empleando para ello la máquina patentada por el señor Tellier, y que el señor Tellier ha sacado en su nombre, en la parte relativa a todo lo que sea o tenga por objeto la conservación de carnes y vegetales por dicha máquina" (i). "Art. i* — El señor Tellier traspasará exclusivamente al señor Lecoq, todos los derechos adquiridos por dicho señor Tellier, a la patente del señor Tellier, exclusivamente para todo lo que es conservación de carnes y vegetales por medio de la baja temperatura. Art. 2* — En remuneración de esta concesión, el señor Lecoq cede al señor Tellier, el 20 % de las utilidades líquidas que este negocio le pueda producir al señor Lecoq en el Reino Unido de la Gran Bretaña, de cualquier modo o forma que dicho negocio o sociedad se realice, bien sea en su nombre o bien sea en el de una sociedad anónima. "Art. 3? — Corre por la sola cuenta del señor Lecoq, todos los gastos y desembolsos que sean necesarios, para el experimento que debe hacerse de la conservación de la carne y vegetales por una vez de ida y vuelta al Río de la Plata, sin que el señor Lecoq pueda reclamar indemnización alguna del señor Tellier, en el caso de no dar resultado. "Art. 4* — El señor Lecoq renuncia a las comisiones relativas al dicho negocio, que el señor Tellier puede obtener en todo el reino Unido de la Gran Bretaña, como del mismo modo el señor Tellier renuncia por su parte a todas las comisiones que el señor Lecoq pue da obtener fuera del Reino Unido de la Gran Bretaña. "Art. 5* — Como el señor Lecoq es dueño de la idea, y como es muy natural y justo que siempre aparezca como tal, tendrá el manejo y dirección exclusivo en el modo de establecer el negocio, bien sea en su nombre o bien en el de una sociedad anónima. "Art. 6' — Como la patente mencionada es para ambos países, la Inglaterra y la Francia, queda a favor del señor Lecoq todo lo concerniente al negocio de la conservación de carnes y vegetales del último" (i). El borrador trunco que se ha conservado sobre estas bases, concluye en este punto. El contrato se firmó en Londres, en el mes de (i) Esta división, que parecerá extraña, se explica porque Teller había sido perseguido y en carcelado en Francia por Carré y Cía., que se pretendieron autores de su propio invento. Cf. Teiaies, op. cit. cap. III, pág. 12. (i) Tengo a la vista sobre este contrato un borrador trunco. Contiene, sin duda, las bases principales del convenio, que resuelven las cuestiones y dudas que en estos apuntes me propongo esclarecer y comprobar. Si posteriormente se han introducido algunas variaciones, ellas no podrán ser sino secundarias, por que Teller no estaba en situación de discutir sino de aceptar las condiciones de Lecoq. El borrador no tiene fecha. M. S. inédito en mi archivo.


Enero de 1868, en la oficina de Mr. Prince and Co., Trafalgar Square, a quien Terrero entregó el proyecto original (1). En el contrato se deslinda claramente la posición de cada parte. No hay confusión en las ideas, en los derechos, en la prestación de cada uno. Un sentimiento de equidad y confianza recíproca trasciende en todas las clásulas. Se reconoce a Lecoq como autor de la idea de establecer el transporte de carne fresca conservada por el frío. El reconocimiento firmado por Tellier, tiene el valor de una sentencia definitiva. Se adelanta a proclamarlo en el contrato y más tarde en sus memorias, el único que pudo tener algún reparo. En el contrato podría mezclarse el interés ; en las memorias solo puede existir la justicia. (1) Cf. Carta de Terrero a Lecoq, Londres, Enero Io (6 p. m.) de 1868. M. S. inédito en mi archivo.
The City Of Río Janeiro. Lecoq arrendó el espacio necesario para la Instalación proyectada en The City of Río Janeiro, vapor inglés que servía la línea de Londres a Montevideo. En Marzo de 1868, Tellier se trasladó a orillas del Támesis a dirigir personalmente la instalación. Diez días de trabajo excesivo y el vapor estuvo listo para partir. La cámara enfriada, el aparato frigorífico, la mercadería a conservarse, todo fué cuidadosamente preparado. No voy a repetir la historia conocida del viaje frustráneo. Tellier lo ha referido en una página sobria y emocionante. A los veintitrés días de navegación sobrevino una ruptura en la construcción de madera. La máquina frigorífica se detuvo; la experiencia quedó interrumpida. La carne se extrajo de la cámara ; la consumió la tripulación. Encontrábase fresca y jugosa, como recién adquirida en el mercado. Cuando el barco arribó a Montevideo se hicieron todas las constancias del caso. Ante las autoridades locales se comprobaron la naturaleza y causas del accidente, el éxito com pleto hasta ese día de la notable experiencia. A pesar de todo el ensayo se reputó un fracaso. La incredulidad e indiferencia dominaron en el público. Faltaba en el puerto de destino el triunfo evidente e insospechable. "Este accidente, exclama Tellier, cuando yo lo supe me fué muy doloroso. "Me costó ulteriormente ocho años de penas, de luchas, de demostraciones para reproducir la verdad de los hechos y hacerlos sensibles. En fin, para triunfar de la rutina,"
Lecoq se retiró a Montevideo, desalentado por la desgracia y por el escepticismo de las gentes. No había muerto su fe en la verdad demostrada, pero en la soledad del mar perdió sus esperanzas.


Conclusiones.

 He procurado presentar metódicamente los documentos y los hechos, comprobantes de la acción positiva de Lecoq en el largo esfuerzo para alcanzar la conservación y transporte de la carne fresca por el frío. Todo el proceso de su concepción aparece claro, continuo y lógico: el origen de la idea, la preocupación de realizarla, la forma orgánica para construir hasta llegar a la patente de invención, los ensayos propios sin resultado, la persistencia en buscar la solución, la asociación con el creador del frío artificial, y por fin la instalación y recursos necesarios para verificar la gran experiencia de transporte, que condujo al triunfo definitivo.
No piensa en la congelación, procedimiento antiguo y fracasado ; piensa en el aire frío y seco, cuyos efectos el observa en los fenómenos comunes. No conoce los descubrimientos y ensayos de Tellier, y en el principio fundamental de aplicación coincide con el sabio francés. Intenta encontrar el frío por procedimientos propios, recurre a especialistas para

 alcanzarlo, y cuando conoce la máquina de Tellier, se asocia a su inventor para realizar su idea. Poseía la construcción teórica de la obra, pero le faltaba la materia principal para afrontarla. Por eso su vinculación con Tellier, resultó para uno y otro, lógica, fácil y segura. Conseguido el instrumento para practicar su teoría, no vaciló en costear todos los gastos del gran ensayo, el primero que se verifica sobre el mar, con el propósito de conducir carne fresca del Río de la Plata.
Se traslada a Europa a perseguir su propósito, no para entretener ocios de viajero o nostalgias de emigrado. Abriga un concepto científico de su problema, y como un estudioso se dedica a resolverlo. No le contagia el pesimismo ambiente, no le detienen las dificultades, no le arredra la inversión de sumas fuertes. Persiste por la fuerza de convicción, por el anhelo del triunfo, por la visión del porvenir inmenso que aseguraba a su país. La concepción de la idea es suya; sus razones, su instancia y su dinero deciden a Tellier por aplicar su invento a los transportes. Cada uno tiene su esfera propia deslindada. Aquel busca el frío para ejecutar su propósito; este proporciona el frío necesario para ejecutarlo. El uno representa la creación industrial, práctica y activa; el otro representa la técnica, la aplicación del elemento creado por la ciencia.
La iniciativa y el hecho adquirido, servidos con persistencia generosa, constituyen el mérito indiscutible de Lecoq, y este mérito basta para merecer el recuerdo y la gratitud, el respeto y homenaje a su memoria.


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