Irineo Leguizamo

www.EnlacesUruguayos.com

2002 ~ 14 años difundiendo nuestras raíces ~ 2016


La isla de las gaviotas

La isla de las Gaviotas es un pequeño islote situado en el Río de la Plata al sur de la playa Malvín a 400 metros de la costa. Al ser un lugar excepcional para la nidificación y procreación de aves fue declarada reserva ecológica, por esto no se permite el acceso al público. Se formó naturalmente por la acumulación de rocas y otros elementos marinos. Tiene una superficie de media hectárea de tierra firme, está arbolada con palmeras, cañaverales, tamarices, transparentes, arbustos y más de 200 especies herbáceas.
En 1893 el marino Sebastián Masaferro naufragó en las rocas de la isla durante una violenta tempestad, permaneciendo durante tres días y tres noches en la isla, hasta que fue rescatado. En agradecimiento a quienes salvaron su vida, Masaferro efectuó las primeras plantaciones de palmeras en el islote. En 1963 se inició la construcción de un aerocarril desde la costa hasta la isla para su explotación turística. El proyecto, que no se culminó, incluía la construcción de restaurantes y jardines desde donde se pudiese observar el paisaje de nuestras costas. En la década de los 80, Omar Medina, con su Museo Marítimo de Malvín, comenzó a limpiar la isla junto a un grupo de voluntarios e iniciaron los trabajos para convertirla en una reserva de flora y fauna marítima.
El biólogo marítimo Alfredo Le Bass ha dicho que “si hay gaviotas en Montevideo es gracias a la Isla de Flores, a la Isla de las Gaviotas, y a dos o tres lugares más al oeste. Si no fuera porque tenemos estos enclaves aislados, no tendríamos ninguna ave en nuestra costa."

Aunque la isla es diminuta, ostenta una riqueza especifica de aves exquisitamente
considerable. Durante los últimos dos años se han registrado 37 especies de aves,
de las cuales 7 nidifican allí. Esto la hace un lugar sumamente particular

En la isla se han registrado 27 especies de angiospermas (plantas con flor) de las
cuales, el 42% son nativas, entre ellas se encuentra Heliotropium curassavicum
incluida en la lista de especies de interés para la conservación.


Artículo relacionado

Por Juan Pedro Gilmes

Cuando se habla de Marítimo se hace referencia a un tema sumamente vasto que comprende diversas realidades, áreas y espacios; ejemplo de ello es la naturaleza que brinda soporte a este medio. Distintos hábitats se vinculan directa o indirectamente a la realidad marítima de una sociedad, de un país y del planeta Tierra en toda su extensión.
Estos lugares con su flora y fauna colaboran muchas veces con las actividades desempeñadas por el ser humano y en otras tantas ocasiones las sufren, esto sucede con las costas y las islas que más cercanas o más alejadas forman el paisaje de una región determinada.
En Uruguay muchos casos de islas podemos mencionar, algunas prácticamente desconocidas por su población, otras presentes para muchos pero igualmente desconocidas, ignorando sus riquezas, la vida que en ella se puede dar, los procesos biológicos que se producen y los sufrimientos, la mayoría de las veces evitables, que estos lugares padecen.

En tal sentido presentamos una Conferencia que el Director del desaparecido Museo Marítimo Malvín, don Omar Medina Soca, diera en la sede de La Liga Marítima Uruguaya sobre su experiencia y labor en la Isla de las Gaviotas ubicada frente a la costa montevideana a la altura del barrio Malvín. Este trabajo forma parte del libro que escribiéramos junto al Sr. Alejandro Bertocchi Morán “Del Olimar al Océano. Omar Medina, un marino uruguayo”.Seguramente el tener presentes una vez más las palabras de Medina lleven a observar aquella isla en el futuro con mayor respeto y conocimiento, a la vez que como sociedad seguir la vital tarea de preservarla y no generar actividades humanas incompatibles con la armonía natural que la isla y las aguas del río de la Plata establezcan.

LIGA MARITIMA URUGUAYA.

ISLA DE LAS GAVIOTAS.
UNA EXPERIENCIA DE ECOLOGIA PRÁCTICA.

Conferencia del Jefe de Máquinas de Marina Mercante Omar Medina Soca.


“SEÑOR MEDINA SOCA.- “Mi charla será, de alguna forma, la culminación de la exposición del C/N (GR) (R) Lamarthee sobre contaminación marítima.
Nuestra experiencia en la Isla de las Gaviotas durante tres años y medio nos ha llevado a conocer bastante bien el tema. Trataremos de explicarles lo que hemos hecho hasta ahora.

Para un marino que ha vivido varias décadas recorriendo todos los mares del mundo una isla cercana a su hogar no podría pasar desapercibida. La fuerte atracción que en la soledad del mar ejerce ese accidente geográfico, acuciando el deseo de su exploración y conocimiento, forma parte del espíritu aventurero del verdadero hombre de mar.

Hace sólo cinco años, cuando dejamos de navegar, dedicamos todo nuestro esfuerzo económico y físico a la organización del Museo Marítimo Ecológico Malvín. La tarea no fue fácil.
Sobraba vocación y entusiasmo, pero la carencia de comprensión de quienes nos podrían ayudar fue un escollo difícil de superar. Hoy en día el Museo navega con todas sus velas pero con rumbo incierto.

La cercana Isla de las Gaviotas se transformó en un final insólito: la isla no estaba bajo jurisdicción de ninguna autoridad nacional ni municipal. Si bien se había construido un muelle en 1940 y una torre para el fracasado aerocarril en 1963, no había antecedentes oficiales sobre su jurisdicción.

Allí empezó nuestra tarea. Organizamos en el museo un grupo de voluntarios ecologistas que se encargaría de la recuperación de ese pintoresco pedacito de tierra, convertido hasta la fecha en un enorme basural contaminante de la playa Malvín.

Obtuvimos colaboración y asesoramiento de profesionales de todas las áreas que tienen relación directa con la ecología – ingenieros agrónomos, biólogos marinos, ornitólogos, veterinarios, meteorólogos, agrimensores, geólogos, botánicos, etc. – y comenzamos la tarea con el respaldo de nuestro líder espiritual y científico, el Dr. Rodolfo Tálice. Subprefectura Naval Trouville colaboró con sus embarcaciones y personal desde marzo de 1990 hasta agosto de 1992, trasladando el grupo de voluntarios domingo a domingo, aún con clima adverso.

En junio de 1992 recibimos la donación de una embarcación Zodíaco completa, con su motor, trailer, radio, salvavidas, etc., por gestión del entonces Embajador de Suiza, Sr. Jacques Rial, ante su gobierno. El Embajador Rial, hombre muy allegado a las actividades marítimas, compenetrado de nuestra labor, hizo realidad el viejo sueño de barco propio, y hoy la única embarcación registrada de fines científicos y ecológicos es nuestro orgullo, la lancha “La Suiza”. Las empresas petroleras Shell, Esso y Ancap han colaborado con el combustible necesario.

Comenzamos con una limpieza general de detritos de todo tipo, que cubrían el suelo hasta casi un metro de altura.
Tapamos ciento cincuenta y siete cuevas de ratas con veneno en su interior, eliminado definitivamente esa plaga que atacaba sobre todo los pichones de las aves acuáticas.

Los ornitólogos hicieron un relevamiento, detectando veintisiete especies de pájaros de tierra y aves marinas. Se identificaron y catalogaron una por una, observando desde palomas de la Antártida hasta pájaros de Venezuela.

Los botánicos hicieron un detallado estudio de la flora, detectando más de cincuenta especies de plantas indígenas y exóticas, produciendo un herbario que conservamos en el museo.
El Jardín Botánico colaboró con sus técnicos en planificar la forestación adecuada al agreste ambiente en un ecosistema típicamente marino. Se plantaron decenas de árboles y plantas de diferentes especies que, lamentablemente, fueron destruidas por el gran temporal del 8 de febrero pasado.
Entomólogos de la Facultad de Ciencias estudiaron la notable variedad de insectos, y biólogos marinos observaron peces, crustáceos y moluscos. Más de un centenar de estudiantes de ciencias naturales ha sido llevado a la isla, donde no sólo ha colaborado en su recuperación física sino en la forestación y limpieza. También ha observado en su hábitat el desarrollo de todas esas especies.

Numerosos estudiantes de oceanografía han concurrido a las tareas dominicales, observando el complejo fenómeno marítimo en la zona costera, con sus movimientos de arena, la marejada, el trabajo de las olas, la erosión del suelo y la variación de las mareas, además de los daños causados por sudestadas o pamperos, que remueven toneladas de piedras y escombros de cemento.

Hemos llevado a la isla numerosos grupos de estudiantes con sus profesores, dándoles explicaciones de las tareas realizadas y de los fines perseguidos. Entre ellos, el Colegio del Mar, el Instituto Crandon y el Cuerpo de Paz de los Estados Unidos.

Con el Rotary Club Malvín plantamos acacias el Día Mundial del Medio Ambiente. Con un grupo de radioaficionados se hizo una transmisión desde la isla, haciendo contacto con muchos países e informando sobre el trabajo ecológico. Periodistas de la revista alemana “Prisma” fueron llevados a la isla, luego de lo cual publicaron un largo reportaje y fotos sobre nuestra tarea. Todos los canales de televisión locales han filmado, y los grandes diarios han dedicado páginas enteras al tema. La Universidad Católica produjo un video que presentó en Italia y la Universidad del Trabajo del Uruguay filmó otro que fue exhibido en España en un concurso ecologista.

Domingo a domingo, invierno y verano, hemos continuado con esa labor, enseñando a los jóvenes y tratando de concientizar adultos de la necesaria defensa de la naturaleza, siempre agredida por el hombre.

En diciembre de 1990 obtuvimos del Poder Ejecutivo la designación de la isla como reserva de fauna, flora y belleza escénica, y en años posteriores hemos logrado que el Ministerio de vivienda ordenamiento Territorial y Medio Ambiente prohibiera el acceso incontrolado a la isla durante los tres meses del período de nidificación, postura y nacimiento de la fauna local, esto es, desde octubre hasta diciembre. Dicha resolución fue hecha cumplir en lo posible, con los escasos medios de que disponía, por la Subprefectura Trouville. Pese a ello, se comprueba la depredación domingo a domingo cuando falta la vigilancia. Esta no ha logrado desmoralizarnos; por el contrario, ha sido un acicate para seguir con esa labor.

La base de cemento de la antigua torre del aerocarril ha sido un desafío permanente. Ese adefesio imponente enclavado allí para siempre, con sus cientos de metros cúbicos de gruesos hierros y cemento, constituye un verdadero atentado al medio ambiente, una ofensa al paisaje natural. Con gran esfuerzo físico lo hemos cubierto dos veces con un promontorio natural de tierra, donde crecía la vegetación y ocultaba esa fría masa, donde asoman hierros retorcidos y el agresivo cemento. Dos veces los fuertes temporales del este barrieron la superficie, pero una vez más ya lo tenemos casi cubierto, esperando que esta vez el mar sea clemente.

Unas doscientas bolsas llenas de desechos plásticos recogidos uno a uno han sido traídas al museo para observación y estudio. De allí rescatamos una increíble colección de veinticuatro objetos, perfectamente identificados como procedentes de veinticuatro diferentes países, aún de los más remotos continentes, seguramente arrojados por nuestros colegas marinos que limpian sus bodegas y descargan su basura en el Río de la Plata.

La Fuerza Aérea colaboró con fotos y cálculos de superficie, dándonos la cifra de 1.675 m de tierra fértil y dos veces más de roca viva, cuya superficie expuesta varía notablemente con la altitud de las mareas.

Según testimonio grabado en una roca, los primeros árboles fueron plantados por el Sr. Sebastián Massaferro en el año 1893, formando una cruz que indica los cuatro puntos cardinales.

El manantial que produce agua no muy dulce se mantiene lleno a dos metros de altura sobre el nivel del mar. El roquedal del sur eleva sus curiosas formas a casi diez metros de altura, en cuyas grietas, protegidos de viento y frío, anidan numerosos pájaros. No falta en la isla la simpática presencia del muy criollo teruteru que, escapando del ruido de la ciudad, viene a reproducirse junto a las aves acuáticas.
En invierno es frecuente la presencia de lobos marinos y pingüinos. Muchas veces estos llegan cubiertos de petróleo, siendo recogidos y cuidados hasta su recuperación, para volver a liberarlos en su hábitat. Numerosas toninas han encontrado en la isla su destino final, generalmente muertas a tiros por los pescadores, a quienes disputan los escasos peces de la playa Malvín.

Cuando comenzamos la tarea en 1990 contamos unas mil doscientas gaviotas; ahora calculamos que hay el doble, debido a la eliminación total de los roedores que diezmaban los pichones. En nuestra tarea dominical – el domingo pasado se cumplió la N° 80- llevamos bolsas de pan viejo para alimentar las aves, pero eso no es suficiente. La contaminación terminó con el alimento natural, que eran los pequeños peces, crustáceos y moluscos. Cada amanecer las vemos volar sobre nuestro museo en dirección al basurero municipal de Felipe Cardozo.
Allí por centenares comen detritos de hospitales, químicos o venenos. Al anochecer vuelven a la isla, y muchas mueren intoxicadas. Gaviotas muertas son llevadas de inmediato a la Facultad de Veterinaria y allí les practican autopsias. El resultado siempre es el mismo: el estómago lleno de plásticos y el hígado quemado por tóxicos o venenos del basural. Veterinarios del Jardín Zoológico nos asesoran en casos de animales enfermos o accidentados, curándolos y enseñándonos a hacerlo.

Un colaborador, veterano hombre de mar, llevó sus instrumentos náuticos y determinó la situación geográfica de la isla – estimada por primera vez en su historia – y dándonos las coordenadas al centro de la base de cemento y, por cálculo, la distancia a la cercana costa de Punta del Descanso. Haciendo prácticas, aficionados a la hidrografía sondaron los alrededores de la isla con la intención de hacer una carta local y conocer los fondos que la rodean.

Las catorce palmeras que forman la rosa de los vientos fueron dedicadas a homenajear a naturalistas, botánicos o forestadores nacionales que mucho hicieron en ese campo.
Sólidos carteles con sus nombres y fechas de nacimiento y muerte se colocaron en cada árbol. Allí están Tálice, Larrañaga, Lussich, Píria, Durandó, Tomkinson, Berro, Chebataroff, Lombardo y otros, como testimonio para futuras generaciones de que el estudio de la flora y la preservación del monte indígena tiene que formar parte de la educación del ciudadano uruguayo. Lamentablemente, los depredadores anónimos destruyeron y arrancaron muchos de los carteles.

Más de ochenta alumnos de la Facultad de Arquitectura fueron llevados a la isla a conocerla e interiorizarse de su historia y de la riqueza de su fauna y flora. Como tesis de sus estudios presentaron catorce carpetas con sus proyectos para el futuro de la isla, con una detallada investigación de impacto ambiental, influencia turística y ecológica.

Pronto comenzaremos las gestiones ante las autoridades correspondientes para que, en defensa de ese patrimonio natural que es de todos, se prohiba el acceso incontrolado a ese lugar, tomado por muchos como tierra de nadie. Nuestra meta es convertir la isla, tan cercana y de fácil acceso, en un centro de práctica que tenga que ver con estudios científicos referentes al mar y a su ecosistema, mientras se protege y se permite desarrollar naturalmente su rica fauna y flora, incrementándola con otras especies. Hace largo tiempo iniciamos gestiones para que la isla sea pasada en comodato para su administración al Museo Marítimo, que cumple con los requisitos legales, tal como lo hizo la Dirección de Catastro Nacional con varias islas del Río Uruguay”.


 El fallido aerocarril

El proyecto comercial más ambicioso de la costa montevideana se inició en 1963, con la construcción de un aerocarril desde la costa hasta la Isla de las Gaviotas para su explotación turística.
La iniciativa incluía la construcción de restaurantes y jardines desde donde se pudiese disfrutar el paisaje de nuestras costas.
Si bien se terminaron las estructuras de cemento de unos 30 metros de
altura, nunca se llegaron a instalar los equipos del aerocarril, ni se
comenzaron las obras en la isla.
El motivo fue que no se calculo debidamente la altura de las torres y resultó que al llegar al medio del trayecto el aerocarril quedaría prácticamente sumergido el las aguas del Río de la Plata.
Finalmente, en 1973, las enormes moles de cemento armado fueron dinamitadas por el ejército causando una explosión de tal magnitud que se rompieron los vidrios de muchas casas a la redonda.


El fin de un proyecto que no prosperó

 


       Regresar a Enlaces Uruguayos