Irineo Leguizamo

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2002 ~ 14 años difundiendo nuestras raíces ~ 2016


Joaquín Suárez


En el mes de agosto

de 1781, nació en la villa de Guadalupe

(Canelones) Don Joaquín

Suárez, destacada figura de la época heróica

en que se daba forma y contenido

a nuestra naciente nacionalidad.

Como homenaje a su personalidad, se

reproducen las páginas que el historiador

Orestes Araújo le dedicara en su libro

"Episodios Históricos", resaltando el generoso

desinterés con que el prócer actuó

en la vida pública.

 

Las cuentas, cuando los Treinta y Tres patriotas

invadieron el territorio oriental con objeto

de librarse y librar a sus paisanos

del dominio brasilero, disponían de escasísimos

recursos, puesto que los obtenidos

en Buenos Aires para efectuar la

invasión eran tan insignificantes con relación

a la magnitud de la empresa, que

se agotaron al momento.

Hubo, pues, que apelar al préstamo a

fin de atender a las necesidades de la

guerra; pero ¿a quién recurrir en aquellos

aciagos momentos en que los principales

patriotas hablan sido desterrados o

se encontraban en la emigración, dejando

el pais arruinado y sobrecogidos de espanto

a sus moradores ante los edictos

despóticos del jete de las fuerzas de ocupación?

Sabedor Don Joaquin Suárez de la angustiosa

situación en que se hallaba el

General Lavalleja, no vaciló en facilitarle

treinta mil pesos de su fortuna privada,

sin interés ninguno, prescindiendo de

dos mil que ya había anteriormente regalado

con igual propósito.

Este rasgo de generosidad fue seguido

de otros muchos en épocas posteriores,

y muy en particular durante el sitio de

Montevideo, principiado el 16 de febrero

de 1843, por tropas rosistas en número

de más de diez mil soldados, y terminado

el a de octubre de 1851 sobre la

base de una honrosa paz, que adoptó

como fórmula: ni orientales vencidos, ni

orientales vencedores.

En efecto, mientras duró esa guerra,

Don Joaquín Suárez fue siempre el primero

en figurar en las listas de suscripciones

de carácter patriótico o filantrópico;

o convirtiendo su casa en albergue

de familias que huían de la campaña para

asilarse en Montevideo; o poniendo su

caja particular al servicio de los pobres,

de los necesitados, de los hospitales, de

los heridos, de los huérfanos y de los leales

servidores de la patria

Tampoco a ésta negó su poderoso con

curso pecuniario en los días más aciagos,

en los compromisos más ineludibles,

ni en los momentos de mayor penuria; y

tan exacto es esto, que a fuerza de dádivas

y préstamos su tesoro quedó agotado,

desiertas primero y malbaratadas

después sus numerosas y bien pobladas

estancias, vendidas a vil precio las cincuenta

leguas de tierras de pastoreo que

poseía en Cerro Largo, hipotecados sus

campos de Río Grande y perdidas sus propiedades

urbanas, a fin de suplir al Estado

las ingentes sumas de dinero que

con voracidad abrumadora absorbían las

necesidades del sitio.

"Muchas veces, —dice el historiador

Don Isidoro De María—, faltaron las provisiones

de boca para el ejército y para la

multitud de familias que subsistían con

las raciones que diariamente se les distribuían,

excediendo éstas de veinte mil

diarias. No habia cómo proporcionalas

para el día siguiente. El tesoro público

estaba exhausto. El crédito habla desaparecido.

En estos conflictos, más de

una vez la generosidad patriótica de Don

Joaquín Suárez fue el ancla de salvación.

Se desprendía de sus títulos de propiedad,

los hipotecaba, los ofrecía en garantía

para obtener recursos, o malbarataba

sus casas por la tercera parte del

valor; sacrificaba sus intereses particulares

y et patrimonio de sus hijos para

atender a las necesidades de la nación,

para dar pan a los defensores de la plaza,

a auxiliar al ejército en campaña, para

ratificación a servidores, o para obras de

beneficencia a que su bellísimo corazón

ira inclinado".

De estas donaciones jamás llevó nota

el gran ciudadano; pero deseando el Gobierno

de la Defensa quiso conocer a cuánto

subia la deuda Que pesaba sobre el país,

procedente de préstamos de dinero,

suministros y perjuicios de guerra, acordó

documentar a los acreedores del Estado

a fin de evitar dificultades cuando llegarse

el día de dar a cada uno lo que legítimamente

le pertenecía

Tratábase este delicado asunto en el

seno del gabinete, hallándose presente

el señor Suárez, a quien el Ministro de Hacienda

dirigió la palabra en esta forma:

—Señor Presidente, usted ha dado

mucho sin tomar recibo: es preciso que

mande hacer la cuenta y se le documente,

como es justo.

A lo cual contestó Don Joaquín Suárez

con naturalidad y sonriéndose:

— Yo no llevo cuentas a mi madre.

Y fue ineficaz la insistencia de los

hombres que acompañaban al venerable

anciano en el gobierno de Montevideo

para que dijese cuánto le adeudaba la

patria, pues tomando a ésta cual madre

cariñosa, conceptuó que exigirle cuentas

a ella no era digno de quien se precia

de buen hijo.

Consecuente con este propósito, rechazó

también en 1850 una recompensa de

cincuenta mil pesos que le asignó la

Asamblea, haciendo la siguiente decíaracióm

"Los inmensos quebrantos sufridos

por tanto servidor de la palria no pueden

serme indiferentes a punto de que no desee

participar con igualdad del infortunio

de todos. Sí mi posición elevada ha menoscabado

mi fortuna, ella ha aumentado

también mi gloria y el interés al alto

aprecio de mis compatriotas Si me hacen

la justicia de creer que lo he desempeñado

con abnegación y pureza, será mi

mejor y única recompensa".



Joaquín Luis Miguel Suárez de Rondelo y Fernández nació en Villa de Canelones el 18 de agosto de 1781. Cuando tenía 13 años, a poco de la muerte de su madre, se mudó con su padre desde la hacienda en donde vivía a la ciudad de Montevideo para recibir educación formal. Pronto, el joven Joaquín se convirtió en un próspero comerciante de productos rurales.
Suárez se integró a los grupos criollos independentistas de Montevideo que se reunían en secreto para cuestionar el gobierno colonial. Como capitán de milicias realistas, captó a muchos soldados y oficiales que participaron del pronunciamiento emancipador del 28 de febrero de 1811.
La presencia de Suárez en la milicia patriota que comandaba José G. Artigas atrajo a muchos pobladores del sur de la Banda Oriental, región en la que contaba con una gran estima y autoridad. Participó del combate de Las Piedras y luego en el sitio de Montevideo, pero debe partir en el éxodo que siguió al armisticio entre el Virrey Elío y el gobierno porteño.
Regresó en 1814 junto a Artigas para retomar el sitio a Montevideo. Esta vez, las tropas patriotas lograron desalojar a los realistas. Pero Suárez se enfrentó a Artigas por causa de las intrigas políticas que comenzaron a recorrer el bando patriota. Decidido a no participar en los complots, renunció a su puesto militar y se retiró a su hacienda.
Cuando los portugueses invadieron la Banda Oriental desde Brasil, Suárez se mantuvo ajeno a los pedidos de los ocupantes y sus partidarios para que participara del gobierno. Por el contrario, desde 1816 comenzó a reclutar hombres y a tejer alianzas para formar una fuerza que desalojara a los portugueses.
En 1825 se produjo la llegada a tierra uruguaya de los 33 Orientales, una fuerza patriota dirigida por Artigas que estaba decidida a desalojar a los invasores. En su marcha a Montevideo, pasaron por la estancia de Suárez en donde recibieron provisiones y dinero para solventar su campaña.
Desalojados los portugueses, fue electo diputado en el Congreso Constituyente que declaró a Uruguay independiente del imperio brasileño y las Provincias Unidas el 14 de junio de 1825. Fue electo diputado y como tal promovió la protección de la producción local y un código legal que garantizara el respeto de los derechos y obligaciones de los ciudadanos.
En julio de 1826 fue electo gobernador de la Provincia Oriental. Desde allí se dedicó a organizar el gobierno y sus iniciativas incluyeron la protección de la libertad de prensa, la promoción de la educación, el establecimiento del orden público y de un sistema legal fuerte. Paso sus años entre cargos legislativos y ejecutivos con la misma línea ideológica progresista.
Sucedió a Manuel Oribe al frente de la presidencia entre 1843 y 1851 durante el denominado Gobierno de la Defensa, llamado de este modo por enfrentar el asedio de las fuerzas de Fructuoso Rivera. Cumplido su mandato, se retiró a su finca.
Regresó a la política en 1854 como Senador y luego como diputado en 1958. Para ese momento se había convertido en una figura política respetada por todas las facciones políticas, que reconocían su patriotismo y moderación. Murió en la pobreza el 26 de diciembre de 1868.
Conclusión: los gauchos y los aborígenes verían en ti al líder que esperaban para lanzarse a la lucha por su libertad. Contra españoles o portugueses, tu figura guiará al pueblo a conquistar su plena emancipación


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