Irineo Leguizamo

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2002 ~ 11 años difundiendo nuestras raíces ~ 2013


Julio César Castro

"Juceca"

"Un saludo cordial"

Amigas y amigos navegantes de aquí y de allá, del Uruguay y del Mundo, orientales en otras tierras con otros cielos, amigas y amigos de todos los países sin distinción, la barra del boliche El Resorte, que incluye naturalmente al gato barcino, levanta sus copas (vasos, pero dignos y algunos hasta limpios) para brindar por el amor, la poesía, la paz, la belleza, los buenos recuerdos, el dulce de leche Conaprole y el fainá de orilla, y por que el año que comienza nos permita realizar nuestros mejores sueños (o al menos algunos de nuestros sueños mejores). Con un fuerte y fraternal abrazo los saludan Don Verídico, La Duvija, el Tape Olmedo, Rosadito Verdoso, Azulejo Verdoso, el pardo Santiago, Cristalino Fármaco, Fofeto Fulero, y un centenar de parroquianos más que, por encontrarse en condiciones etílicas avanzadas (o sea mamados por unimidá) no están en condiciones de firmar pero si de emocionarse hasta las lágrimas. ¡Salud, y Felicidades!

 Julio César Castro (JUCECA)


Biografía
Julio César Castro nació en Montevideo en 1928.

A partir de 1958 inicia su labor de comunicador en la radio "El espectador" y colabora en varios medios de prensa nacionales y extranjeros: "Ya", "Misia Dura", "Marcha","El popular", "El dedo", "Guambia", en Buenos Aires "El Porteño" y "Crisis". Su gran éxito es el personaje de "Don Verídico", con su pulpería "El resorte" y sus inigualables personajes El Tape Olmedo, la Eduviga, Rosadito Verdoso y esa maestría para el humor absurdo mezclada con una veta profundamente poética que estrenó allá a principios de los 80 en "la radio" (CX 30 Radio Nacional), un rato antes que Germán Araujo con su ¿Qué tal amigos"? nos introdujera en la amarga realidad que estábamos viviendo.

Como dramaturgo fue autor de dos espectáculos unipersonales, ambos estrenados por Nidia Telles: "La última velada" (Teatro Circular, en 1998) y "Gracias por todo". Fue autor del guion cinematográfico que dirigió Guillermo Casanova sobre el cuento "El viaje hacia el mar", de Juan J. Morosoli, donde también actúa. Have un par de años, junto a Horacio Buscaglia, protagoniza en los mediodías de la radio 44, "Los guapos".

Teatro/cine
Fue autor de las obras teatrales: La última camda (Teatro Circular de Montevideo), El contrabajo rosado (teatros Larrañaga de Buenos Aires y Arteatro de Montevideo), Están deliberando (Teatro Abierto, Buenos Aires),Combatiendo Al Amor(Buenos aires,Argentina) y varias adaptaciones de sus cuentos para elencos de Uruguay y Argentina.

En calidad de actor y autor, Juqueca protagonizó "El cuento perdido" en Teatro Circular de Montevideo, con dirección de Héctor Manuel Vidal, y "Cien pájaros volando" en Teatro El Galpón, con la dirección de Horacio Buscaglia. Aplaudido por la crítica y el público, continuó realizando sus espectáculos unipersonales en diversas salas de capital e interior del país.

En la Argentina escribió libretos para la televisión y durante veinticinco años al humorista Luis Landriscina, quien catapultó definitivamente a Don Verídico como uno de los personajes más célebres del Río de la Plata. Por su parte la actriz Dahd Sfeir, desde have más de 20 años incluye textos de Julio César Castro en su más exitoso unipersonal.

En el campo cinematográfico Julio César Castro fue partícipe del largometraje "El viaje al Mar" de Guillermo Casanova, basado en el cuento homónimo de Juan José Morosoli. Allí Juceca cumplió la doble función de co-guionista y actor en el personaje Siete y Tres Diez. También fue guionista de las películas "El muerto" y "Millonarios a la fuerza".

La presencia de Juceca en el cine pasa también por su obra mayor, Don Verídico, la cual fue registrada en los cuatro ‘Cuentos de Don Verídico’, filmados en los años ochenta por el uruguayo Walter Tournier.

Televisión/radio
Juceca trabajó también en televisión en los programas Caleidoscopio, conducido por Maria Ines Obaldía, De igual a igual, conducido por Omar Gutiérrez, y en Televisión Nacional en un espacio propio de humor y reflexión llamado Tarde Piaste. Era común verlo vestido como gaucho contando, desde el personaje, los cuentos de Don Verídico.

En lo radial se destaca, entre otras, su labor en el microprograma diario de humor compartido con Horacio Buscaglia llamado Los guapos, que se emitía en la montevideana AM LIBRE.


Ocurrencias de Juceca

 

No podemos perder"

Yo, debo confesarlo, no soy un buen hincha de fútbol. Quizá por no haberlo practicado, pues desde niño me resistí a ir a quitarle algo a otro niño si el otro estaba entretenido con ese algo. Podía ser un camioncito de juguete, un cascarudo torito, una honda para romper faroles o simplemente un triciclo. El triciclo me daba ganas de quitárselo, porque todo niño con triciclo me resultaba medio asquerosito. Para jugar al fútbol, entonces, tenía que quitarle la pelota al otro y no dejar que se apoderar nunca más de ella, y que ni siquiera lograra tocarla. Tenía que evitar que el otro jugara, cosa que me parecía de un excesivo egoísmo. Pongamos por caso que el otro viene eludiendo, gambeteando, pasando contrarios, haciendo moñitas de todos los colores, dejando el tendal en dirección al arco, cómo va a ser uno tal alma podrida de ir y detenerlo, de quitarle la pelota, de convertirse en un obstáculo, de intentar frustrar semejante esfuerzo, de anular y echar por tierra tanto valor, tanto empeño, tanto virtuosismo. Yo lo dejo que siga de largo y lo saludo a la pasada. Sé muy bien que otro, en mi lugar, lo agarra de la camiseta, lo levanta en la pata, lo tala, lo pisa y le asegura un viaje en el carrito de los lamentos. A mí no me da. Debe ser por eso que no soy un buen hincha de fútbol. No obstante, cuando llega un mundial hay algo que se enciende en mí, una chispa, un fogonazo, una llamarada. Entonces, iluminado, creo y afirmo que con Carini en el arco, y adelante Abreu, Darío Silva y el Chino Recova si por fin se resuelve, y con un Víctor Púa que por una vez se deje de hacer zapping con los jugadores, le podemos ganar a cualquiera. Es verdad que no hay enemigo chico, por lo tanto tampoco nosotros lo somos. Ya lo vamos a ver, si es que lo vemos. Creo firmemente que no nos pueden ganar. Es necesario, claro está, que los demás equipos participantes pongan algo de su parte, porque si se resisten a perder, si no nos dejan jugar, y arriba se les antoja ganarnos, bueno, en ese caso, qué querés que te diga. Todo se reduce a eso, a que nos dejen jugar, porque al final de cuentas, una cosa es una pelota y otra cosa es un triciclo.

 

Crítica de cine:

"EN LA REPUTA VIDA"

Hemos visto película oriental recién estrenada con protagonistas argentinos y españoles, "En la puta vida", que de acuerdo al drama que plantea debió llamarse "Yo quiero ser peluquera". El film narra las dificultades que encuentra una uruguaya, bella y emprendedora, para poner una peluquería en Pocitos. Luego de fornicar por plata con su patrón dueño de una parrillada en el Puerto, la chica va a trabajar en un prostibulo en calidad de prostituta, y allí sostiene que dedicarle siete minutos a cada cliente es poco, en loable defensa de los derechos del consumidor. Haciendo la prostitución en un bar de la Ciudad Vieja, para poder poner una peluquería en Pocitos, conoce a un gigoló precioso, un fioca encantador que al ser interpretado por Silvestre tiene que tocar la guitarra en la cama. Ella deposita en él toda su confianza, cosa que hubiera hecho cualquiera de nosotros porque tiene una cara de bueno, vecina, que no se puede creer. Entonces él le propone llevarla a ejercer la prostitución a Barcelona, y ella, que quiere poner peluquería en Pocitos, salta en una pata de contenta y ¡vamo arriba!. Ahí el fioca le dice que ojo, que allá la cosa es brava, que hay muchos gastos, que no es tan fácil, que no haga cuentas, que allá es otro mundo. Se lo dice, le avisa, le advierte. Parece Churchill subido a un tanque de la Segunda Guerra Mundial ofreciendo nada mas que sangre sudor y lágrimas. Hasta el portero del cine tiene ganas de gritarle que no vaya. Pero ella quiere hacer la prostitución en Barcelona para poner una peluquería en Pocitos, así que, si hay que falsificar un pasaporte ¡vamo arriba!, y si hay que dejarle el nene a una vecina como si fuera hasta la feria, ¡vamo arriba!. Pero en Barcelona, el tipo sin querer mata a la amiga de ella, y ella se pone fula, y él le pega. Le pega mal, le pega como un chambón, como un gil, porque un fioca profesional no machuca la mercadería. Hasta que ella se entera de que el fioca la viene estafando, y ahí recién se da cuenta de lo malos que son los fiocas cuando no cumplen. Entonces, vecina, ¡no se puede creer!, el policía más lindo de España se enamora de ella. Y ella va y le bate la cana a todo el mundo y van todos presos y el joven policía español, una monada, la trae y la deposita en Montevideo. ¡Hay que verla!. Ella llega hecha una fiesta, radiante, como si viniera de ganar el título de Mis Universo. Pero de repente se pone seria, y le viene como un ataque de conciencia social. Y le sale una arenga a las mujeres, y un primer plano acusador que a uno le da lástima por Jorge Batlle, porque bastante tiene ya, santito. Parece mentira, por las cosas que tiene que pasar una uruguaya, para poner una peluquería en Pocitos.


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