Mujeres en el recuerdo

 Julio Gorga Carbonaro




 

La muchacha gris,

la que esperaba nada,

la muchacha azul,

la de certezas claras.


 

La de piel oscura,

 alas truncas... y aún volaba,

la de piel tan pálida

que de soles se ocultaba.


 

La de cabellos rubios,

la del gesto sin palabras,

miel sonrisa, labios rojos,

y ojos de un verde esmeralda.


 

La de trenzas azabache

que al correr revoloteaban,

y la de faces de luna,

suerte escasa, sin mañana.


 

La que soñaba sueños

aunque estos nunca llegaran,

y en un mundo traicionero

del amor se enamoraba…


 

La que lloró su dolor

aquella madrugada,

la de secretos cortos,

la de ilusiones largas.


 

La de la voz cantarina,

la de susurros cansados,

la de frágil corazón

y caricias en las manos.


 

La que cuando nos besamos

curiosa nos miraba,

niña que entonces, recién,

su inocencia despertaba


 

Son mujeres de estas tierras

que han expoliado sus vidas

depredadores en guerra,

los malhechores que aterran

usándolas y abusando

buscando fortunas perras,

y las retienen esclavas…

¡pero jamás olvidadas!


 

Víctimas de dos miserias,

la del cuerpo y la del alma,

el móvil de su suplicio

se avizora desde lejos

aunque evidencias no cuadren

y cómplices manos se laven,

sin pensar que son espejo

de los vientres de sus madres.


 

Son existencias tronchadas,

naufragio de cruces, ¡tantas! ,

imprescindible mitad

del teatro “aventura humana”

que cobardes en las sombras

marchitan sus esperanzas,

todas ellas añoradas

hijas, novias, hermanas.


 

Mas ninguna regresó…

y la noche las cubrió

en una esquina del tiempo,

en un baldío cualquiera,

en un desierto con sangre

derramada por cobardes,

en un matar por matar

que se escapa sin condena

y nos cubre de vergüenza

ajena, y no tan ajena,

por ser parte de este mundo

que cobija tanta mierda!