Irineo Leguizamo

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La Piedra Alta

La Piedra Alta es una formación rocosa en las afueras de la ciudad de Florida en Uruguay, a orillas del río Santa Lucía Chico.
En este lugar, el Congreso de la Florida promulgó las tres leyes fundamentales del 25 de agosto de 1825, que declaraban la independencia de la Provincia Oriental del Imperio de Brasil (Ley de Independencia), la unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata (Ley de Unión) y el diseño del nuevo pabellón de la provincia (Ley de Pabellón).
Por esta razón fue declarada «Altar de la Patria» en el año 1900, así como monumento histórico nacional. A través de los años, han sido colocadas sobre la roca diversas placas de bronce en homenaje a los hechos históricos que representa.


En su entorno se construyó el parque Prado de la Piedra Alta, que incluye especies exóticas y nativas. A comienzos del siglo XX el Intendente de Florida deseaba crear un parque de especies exóticas a orillas del río Santa Lucía Chico. Así es que contrató a Carlos Racine, arquitecto paisajista francés, quien diseñó el parque con un criterio de respeto a la riqueza y variedad de la flora autóctona. El parque se inauguró en 1910.


En la Piedra Alta también se asientan los cabezales del puente de la ruta Nº 5 que atraviesa el río. Su construcción dio lugar a debates acerca de si esto no desmerecía el valor histórico del monumento mientras que otros afirmaban que la honraba sirviendo al progreso


Declaración de Independencia de Uruguay

Texto y promulgación.

La Honorable Sala de del Río de la Plata, en uso de la Soberanía ordinaria y extraordinaria que legalmente inviste, para constituir la existencia política de los pueblos que la componen, y establecer su independencia y felicidad, satisfaciendo el constante, universal y decidido voto de sus representados; después de consagrar á tan alto fin su mas profunda consideración; obedeciendo la rectitud de su íntima conciencia, en el nombre y por la voluntad de ellos, sanciona con valor y fuerza de ley fundamental lo siguiente:

1 - Declara írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre, todos los actos de incorporación, reconocimientos, aclamaciones y juramentos arrancados á los pueblos de la Provincia Oriental, por la violencia de la fuerza unida á la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y el Brasil que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándole al yugo de un absoluto despotismo desde el año de 1817 hasta el presente de 1825. Y por cuanto el Pueblo Oriental, aborrece y detesta hasta el recuerdo de los documentos que comprenden tan ominosos actos, los Magistrados Civiles de los pueblos en cuyos archivos se hallan depositados aquellos, luego que reciban la presente disposición, concurrirán el primer día festivo en unión del Párroco y vecindario y con asistencia del Escribano, Secretario, o quien haga sus veces á la casa de Justicia, y antecedida la lectura de este Decreto se testará y borrará desde la primera línea hasta la última firma de dichos documentos, extendiendo en seguida un certificado que haga constar haberlo verificado, con el que deberá darse cuenta oportunamente al Gobierno de la Provincia.

2 - En consecuencia de la antecedente declaración, reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas, inherentes á los demás pueblos de la tierra, se declara de hecho y de derecho libre é independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil, y de cualquiera otro del universo y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes.

Dado en la Sala de Sesiones de la Representación Provincial en la Villa de San Fernando de, la Florida, etc. Juan Francisco de Larrobla, Presidente, Diputado por el Departamento de Guadalupe. - Luis Eduardo Perez, Vice Presidente, Diputado por el Departamento de San José. - Juan José Vázquez, Diputado por el Departamento de San Salvador. - Joaquín Suárez, Diputado por el Departamento de la Florida. - Manuel Calleros, Diputado por el Departamento de Nuestra Señora de los Remedios. - Juan de León, Diputado por el Departamento de San Pedro. - Carlos Anaya, Diputado por el Departamento de Maldonado. - Simón del Pino, Diputado por el Departamento de San Juan Bautista. Santiago Sierra, Diputado por el Departamento de las Piedras. - Atanasio Lapido, Diputado por el Departamento de Rosario. - Juan Tomás Nuñez, Diputado por el Departamento de las Vacas. - Gabriel Antonio Pereira, Diputado por el Departamento de Pando. - Mateo Lázaro Cortés, Diputado por el Departamento de Minas. - Ignacio Barrios, Diputado por el Departamento de Víboras. - Felipe Alvarez Bengochea, Secretario.


INCORPORACION DE LA PROVINCIA ORIENTAL A LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RIO DE LA PLATA

Texto y promulgación

La Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental del Río de la Plata, en virtud de la soberanía ordinaria y extraordinaria que legalmente reviste, para resolver y sancionar todo cuanto tienda á la felicidad de ella, declara: que su voto general, constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unión con las demás Provincias Argentinas, á que siempre perteneció por los vínculos más sagrado que el mundo conoce. Por tanto ha sancionado y decreta por ley fundamental la siguiente:

Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida á las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser la libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen, manifestada en testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos desde el primer periodo de la regeneración política de dichas Provincias.

Dado en la Sala de Sesiones de la Representación Provincial, en la Villa de San Fernando de la Florida, a 25 del mes de Agosto del año de 1825.

Juan Francisco de Larrobla. Diputado por la Villa de Guadalupe, Presidente. - Luis Eduardo Perez. Diputado por la Villa de San José, Vicepresidente. - Juan José Vázquez. Diputado por la Villa de San Salvador. Joaquín Suárez. Diputado por la Villa de San Fernando de la Florida. - Manuel Calleros. Diputado por la Villa de Nuestra Señora de los Remedios. - Juan de León. Diputado por la Villa de San Pedro. - Carlos Anaya. Diputado por la Ciudad de San Fernando de Maldonado. - Simón del Pino. Diputado por la Villa de San Juan Bautista. - Santiago Sierra, Diputado por la Villa de San Isidro de las Piedras. - Atanasio Lapido. Diputado por la Villa del Rosario. - Juan Tomás Nuñez. Diputado -por el Pueblo de las Vacas. - Gabriel Antonio Pereira. Diputado por la Villa de Concepción de Pando. - Mateo Lázaro Cortes. Diputado por la Villa de Concepción de Minas. - Ignacio Barrios. Diputado por la Villa de Víboras. Felipe Alvarez Bengochea, Secretario.


PABELLON NACIONAL

Texto y promulgación

La Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental del Río de la Plata, en uso de la soberanía ordinaria y extraordinaria que legalmente reviste, ha sancionado y decreta con valor y fuerza de ley, lo siguiente:

Siendo una consecuencia necesaria del rango de Independencia y Libertad que ha recobrado de hecho y de derecho la Provincia Oriental, fijar el pabellón que debe señalar su Ejército y flamear en los pueblos de su territorio, le declara por tal, el que tiene admitido, compuesto de tres fajas horizontales, celeste, blanca, y punzó, por ahora, y hasta tanto que incorporados los Diputados de esta Provincia, a la Soberanía Nacional, se enarbole el reconocido por el de las Unidas del Río de la Plata, a que pertenece.

Dado en la Sala de Sesiones de la Representación Provincial en la Villa de San Fernando de la Florida, a veinte y cinco días del mes de Agosto de mil ochocientos veinticinco.

Juan Francisco de Larrobla. Diputado por la Villa de Guadalupe, Presidente. - Luis Eduardo Perez. Diputado por la Villa de San José, Vicepresidente. - Juan José Vázquez. Diputado por la Villa de San Salvador. Joaquín Suárez. Diputado por la Villa de San Fernando de la Florida. - Manuel Calleros. Diputado por la Villa de Nuestra Señora de los Remedios. - Juan de León. Diputado por la Villa de San Pedro. - Carlos Anaya. Diputado por la Ciudad de San Fernando de Maldonado. - Simón del Pino. Diputado por la Villa de San Juan Bautista. - Santiago Sierra, Diputado por la Villa de San Isidro de las Piedras. - Atanasio Lapido. Diputado por la Villa del Rosario. - Juan Tomás Nuñez. Diputado -por el Pueblo de las Vacas. - Gabriel Antonio Pereira. Diputado por la Villa de Concepción de Pando. - Mateo Lázaro Cortes. Diputado por la Villa de Concepción de Minas. - Ignacio Barrios. Diputado por la Villa de Víboras. Felipe Alvarez Bengochea, Secretario.


La Piedra Alta

Por Daniel Muñoz  en agosto de 1894.

Parece la histórica piedra que se levanta a orillas del arroyo Santa Lucía Chico, la caparazón inmensa de uno de esos animales que vivieron en la época casi fabulosa en que la flora y la fauna estaban representadas por ejemplares gigantescos, de los cuales se encuentran hoy apenas vestigios fosilificados, como digeridos por la tierra que los tragó en los grandes cataclismos geológicos que trastornaron nuestro planeta. Se diría que está el monstruo tranquilamente echado, tomando el sol a orillas del río que corre mansamente lamiendo sus flancos empotrados en la ribera.

Es un monolito de más de treinta metros de largo, de dorso convexo y superficie rugosa, y puede considerarse como una de esas piedras erráticas de que están sembradas las cercanías de la ciudad de Florida, que ofrecen los más variados paisajes, aquí pomposo, con todo el lujo de la vegetación forestal, allí agrestes, con toda la avidez del suelo guijarroso, más allá decorada la monotonía de las grandes pétreas por grupos de árboles caprichosamente nacidos entre las grietas y resquicios, todo primorosamente puesto de relieve en el engarce del trébol verde que tapiza las laderas y de gramillas que alfombran las hondonadas.

La Piedra Alta no es sólo un monumento histórico, sino también una obra artística de la naturaleza, situada en un rincón solitario, en el cual aun los espíritus más huraños a los encantos de la madre eterna tienen necesariamente que someterse, subyugados por la apacibilidad del panorama, con una ancha laguna por delante, en cuyo espejo se miran y reflejan el cielo azul y las riberas verdes, temblorosas las imágenes al verse retratadas en la linfa vagamente rizada por la brisa de la tarde, cruzado el aire por ráfagas moradas de bandadas de torcaces y por fugitivas sombras negras de enjambres de tordos que vuelan en busca del reparo del cercano monte.

Más allá, la corriente se enrula en blancas espumas encrespada por arrecifes ocultos en los senos del río, produciendo un murmullo continuo, arrulador por su monotonía, como esas melopeas con que las madres adormecen en el regazo a sus hijos; y una vez vencida esa resistencia, de nuevo se explayan las aguas en la laguna, aquietadas como si descansasen del esfuerzo, ofreciéndose en lámina pulida para que en ella se copien y contemplen todos los detalles del monte que le sirve de frondoso marco.

Resalta entre el uniforme verde con que se viste la arboleda, el tono rojizo de los sarandíes, cuyo follaje se tiñe con tintas encendidas de ocaso otoñal antes de desprenderse de las ramas para dejarse arrastrar por la corriente, y esta agonía del arbusto que tanta gloria recuerda, parece una nueva vida, como esa resurrección momentánea de la llama en sus últimos fulgores engalanándose con el color brillante que ostenta el airoso cardenal en su copete erguido como un jopo de altivez y de victoria.

Parece que nuestros antecesores, al elegir aquella piedra enorme para decretar la independencia de la Patria desde su altura, hubiesen querido dar a su obra de titanes, imperecedero cimiento arraigado en las entrañas de la tierra cuya libertad proclamaban, dejando en las costas del Santa Lucía ese indestructible documento, inmune a todas las inclemencias, imborrable para la acción de los siglos, realzando siempre su simbolismo histórico por las galanuras del paisaje que lo rodea, siempre primaveral bajo este cielo benigno que sólo se nubla por regar con fertilizantes lluvias por los campos, volviendo a sonreír inmediatamente el sol que fecunda los prolíferos senos de la madre común, engarzado en el eterno esmalte azul.

Desde el suburbio de la Florida, se extiende la colina en rampa suave que va a morir en el río, y como surgiendo de entre las aguas, se levanta en la orilla la Piedra Alta, como una terraza de propósito construida para contemplar el panorama que la circunda: el monte espeso enfrente, a uno y otro lado el arroyo de caprichoso curso, ora explayando en tranquilas lagunas bordeadas de camalotes y espadañas, ora aprisionado dentro de ásperos arrecifes por sobre cuyas puntas retoza la corriente saltando desmenuzada en rumorosas y juguetonas espumas; detrás del Cerro Pelado, con sus laderas tendidas, y en cuya calvicie refulge con vivísimos destellos una piedra blanca, como si fuese un copo de las nieves eternas que sirven de tocado a los inaccesibles penachos de la cordillera andina, y todo en derredor el perfil ondulado de las lomas verdes, monteadas aquí y allá por las manchas de los ganados que en ella triscan.

Toda estas bellezas cobran un tinte solemne al caer la tarde, en el hondo silencio que precede el sueño de la naturaleza, entre los fulgores rojizos del sol poniente, ennegrecidas las siluetas de los árboles entre el velo de la noche que va gradualmente tupiéndose, dejando apenas entrever las lejanías azuladas del paisaje, hasta que todo se extingue y todo se aquieta en la apacibilidad del crepúsculo, agigantándose la mole de la Piedra Alta en la vaguedad de las sombras, evocando en su mutismo elocuente los recuerdos de aquella jornada memorable en que despreciando los azares de la guerra, votaron nuestros antepasados la libertad de la Patria, con fe inquebrantable en la victoria que más tarde ciñó su frente con inmarcesibles laureles.


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